Rafael Lulet
Nuestra carta magna, ha sufrido 251 reformas, como así lo podemos observar en biblioteca virtual de la Cámara de Diputados, algunos la critican de un documento constitucional parchado y así lo manejan, considerándola como mala o defectuosa, pero por otro lado quienes somos estudiosos de la doctrina jurídica, sabemos el por qué ha sucedido, y eso parte de la transformación de la sociedad y sus necesidades, sin agregar a ello a los cambios mundiales orillando a nuestro país a estar a la par de otras naciones, aunque no lo quiera.
El mundo se ha convertido en un ente globalizado, que empuja a todos a actualizarse de una u otra manera, otros más arriba en comparación de los ubicados abajo, pero al final la inercia arrastra con cada uno, y esa es la principal razón de las reformas realizadas a nuestra constitución desde la primera llevada a cabo en 1921, con la adecuación realizada al artículo 14 transitorio y la fracción XXVII del precepto 73, relativo a planteles de instrucción pública.
Nuestro derecho mexicano reacciona ante la necesidad social y la evolución de la misma, y no puede quedarse estancada, porque es parte de esa esfera, y debe cada vez nuestro país adecuar su sistema judicial para responder a esas exigencias ciudadanas, eso habla de tener sus normas a la vanguardia aunque, en otros aspectos no lo sea, pero, nuestra constitución en algunos momentos históricos se ha encontrado por encima de los estándares internacionales, dando cátedra de ello, un claro ejemplo el día de su composición de 1917, aunque trajo cosas de la carta magna de 1857, agregó temas sobre los derechos sociales, posicionándola como un documento vanguardista en la segunda década del siglo XX.
Una de las transformaciones muy significativas fue la de junio del 2011, donde la posicionó a la par de los estándares jurídicos de los derechos humanos a nivel internacional, el cual era algo requerido y aunque fue el gobierno obligado a hacerlo por el caso Rosendo Radilla, estos ajustes a nuestro documento constitucional le dieron más perspectiva humanística y adentrarla a las exigencias mundiales, con ello, permeó a todo el sistema jurídico del país, capacitando a los operadores de justicia para ofrecer una mejor impartición de justicia a los mexicanos, claro, en cada conversión se verán excepciones donde la afectación pudiese ser desalentadora pero es parte de todo inicio el cual se irá adecuando y perfeccionando al pasar del tiempo.
Por ende, no se puede mencionar que tenemos una constitución “parchada”, sino actualizada, y eso es cierto, porque así es nuestro derecho a cada momento es orillado a hacerlo, tal vez, más tarde en comparación de otros países, pero al final, se realizarán esos cambios, en ese sentido, no es lo mismo decir “remendada” y hacerlo de manera peyorativa a reformada o modernizada. Nuestra carta magna es la médula de nuestra seguridad social, política y económica, porque no sólo nos da una identidad, sino una directriz, y al ser un documento bajo el esquema republicano, la convierte en un sistema garante de los derechos fundamentales de los mexicanos.
Es por eso de la necesidad de defender nuestra carta magna a capa y espada para seguir conservando ese espíritu inyectado por aquellos constitucionalistas reunidos en Querétaro, herencia de aquella implementada en 1857, de mexicanos ilustres quienes dieron sus vidas por defender nuestra nación; convirtiéndose en un compromiso a cumplir por todos nosotros en pro de la transformación de un México independiente. Desde 1917 hasta la fecha hemos estado libres de guerras civiles, golpes de estados o conflictos armados, razón para encontrarnos agradecidos por nuestra constitución.












