Enrique Escobedo
Uno de los datos más curiosos de las festividades del mes de septiembre es que celebramos el inicio de la lucha por la Independencia y pasamos por alto el 27 del mismo mes que es su consumación, ya que en esa fecha entró a la ciudad de México el Ejercito de las Tres Garantías: Independencia, Unión y Religión. De hecho, al día siguiente se redactó el Acta de Independencia del Imperio Mexicano. Pero por múltiples circunstancias a Iturbide se le considera traidor y no está en el altar de los héroes nacionales. Han pasado prácticamente cien años y su figura no es reivindicada y tal vez así quede en los anales de la historia.
Es cierto que en los nuevos billetes de veinte pesos aparece el desfile de esa fecha, pero no se enfoca en el primer emperador. En lo personal no me interesa reclamar si merece o no otro trato. Lo que me interesa es que desde el surgimiento de nuestra nación a la vida independiente los mexicanos festejamos el inicio, pero no el fin de ese ciclo.
Es interesante que con la Revolución Mexicana festejamos el inicio y también el fin del movimiento. Léase el 20 de noviembre inició la lucha y la damos por terminada el 5 de febrero con la promulgación de la Constitución. Otro ejemplo lo encontramos con el Segundo Imperio cuando festejamos la Entrada del presidente Benito Juárez el 15 de julio de 1867 a la Ciudad de México con el llamado Triunfo de la República.
Cerrar ciclos en la historia de una nación es revalorar el sacrificio de aquellos mexicanos. Pero somos un país demasiado adoctrinado entre dos bandos, los buenos que eran federalistas, liberales y patriotas y los malos que eran conservadores, centralistas y traidores a la patria. Una historia escrita en blanco y negro no ayuda a entender la configuración del poder y nos pierde en el puritanismo de héroes inmaculados y farsantes grotescos.
El asunto se agudiza cada día más ante la postura del presidente López Obrador de hablar de sus adversarios corruptos. Ha creado una buchaca inmensa en la que están periodistas, dueños de medios de comunicación, intelectuales y las clases medias aspiracioncitas que tanto detesta. Solo el presidente sabe cuándo empezó su transformación y supongo que sostendrá que no ha terminado y por eso, mucho me temo, que volverá a violar algunos ordenamientos jurídicos e influirá en el proceso electoral de 2024. En otras palabras, su idea de transformación que no es clara, continuará y supongo que su fin es cuando seamos una sociedad altamente igualitaria. Lo cual me daría mucho gusto, pero yo deseo una sociedad igualitaria de clases medias y no de pobreza.
El actual gobierno es insaciable y aspira a acumular poder. Se nos dice que es para apoyar y reorientar el rumbo nacional. Empero las estadísticas de los órganos constitucionales autónomos como el INEGI y el CONEVAL revelan que esta administración ha empeorado en materia de ingreso, que la deuda ha crecido y que las oportunidades se cierran.
Por lo anterior nos corresponde, como sociedad, decidir en el 2024. Las opciones serán que siga Morena o que nos gobierne otro partido. Me inclino por el cambio y que lo iniciado por el Movimiento de Regeneración Nacional se dé por terminado. Los ciclos históricos tienen principio y fin y nos corresponde a nosotros decidir.











