Angel Bejarano O. 

Las elecciones que tendrán lugar este año para renovar seis gubernaturas podrían representar para el PRI su desaparición como partido político. El inicio de su debacle fue la pérdida de las elecciones presidenciales con Vicente Fox, Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador. Y es que en los últimos años las dirigencias de este instituto político resultaron fatales. 

Alejandro Moreno Cárdenas, actual dirigente del tricolor, con un nebuloso pasado como gobernador de Campeche, ha resultado el peor de todos. Las elecciones del 2021 resultaron para el PRI, bajo su mando, un fracaso absoluto, pues de 15 gubernaturas en juego no ganaron ninguna y perdieron ocho que les pertenecían. Sinaloa, Tlaxcala, Sonora, Colima, Zacatecas, Guerrero, Campeche y San Luis Potosí pasaron a manos de la llamada “izquierda” (¿?). 

Se estima, por las proyecciones que hacen los expertos en la materia, que de las elecciones que tendrán lugar en Aguascalientes, Durango, Hidalgo, Oaxaca, Quintana Roo y Tamaulipas, el PRI no ganará ninguna y perderá las entidades donde gobierna actualmente, que son Hidalgo y Oaxaca. 

 En el juego de las designaciones para los cuates se impuso, contra toda la lógica, a la secretaria general del PRI, Carolina Viggiano Austria, como candidata al gobierno de Hidalgo, situación por demás comprensible, pues come y duerme con el coahuilense Rubén Moreira, coordinador de la bancada priista en la Cámara de Diputados, pues es su esposa. Ella es poco conocida en la entidad y no cuenta con el respaldo de Omar Fayad Meneses, quien se distanció con Moreno Cárdenas por la designación, aunque tiempo después el campechano trató de limar asperezas. 

Respecto a Oaxaca, se da por descontado que el gobierno pasará a manos de Morena, toda vez que el gobernador Alejandro Murat Hinojosa ya pactó con la 4T. Es el sello de la familia Murat.  

Hace algunos años la militancia priista consideró necesario cambiar el nombre del PRI, argumentando que el electorado no estaba contento con la pérdida de posiciones políticas, independientemente de que sus siglas eran sinónimo de corrupción.  

Cuestión de recordar que en marzo de 1929 el ex presidente Plutarco Elías Calles fundó el Partido Nacional Revolucionario (PNR); en 1938 Lázaro Cárdenas determinó cambiar el nombre y le llamaron Partido de la Revolución Mexicana (PRM), y en 1946 se modificó por Partido Revolucionario Institucional (PRI) por decisión de Manuel Ávila Camacho. Todo en aras de cambiar sus postulados e ideología. Como PNR se consideraba de izquierda, resultado de haber surgido al término de la revolución mexicana, hasta llegar a autodefinirse como centro-izquierda. 

Pero, más allá de haber perdido a millones de electores el problema actual se llama Alejandro Moreno Cárdenas, quien llegó a la dirigencia del PRI en agosto de 2019 con el respaldo de Morena, pues al tener un expediente muy negro sería una pieza política que serviría a los intereses de la llamada 4T. 

De hecho, existe un amplio expediente que da cuenta de sus fechorías que hizo como gobernador de Campeche, entre ellas una acusación ante el Sistema de Administración Tributaria (SAT) por contratar empresas fantasmas para realizar operaciones simuladas, desvíos de recursos por más de 59 millones de pesos y lavado de dinero, entre otros ilícitos más. 

Se le señala también de ser muy condescendiente con familiares y amigos, pues les regaló candidaturas para diputados federales, amén de que en las pasadas elecciones eligió candidatos para gobernadores que no tenían posibilidades de ganar.