Bernardo López 

El presidente Obrador hubiera brillado en el escenario internacional con otro discurso, más apegado a las actividades que realiza el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas; se equivocó de tribuna al lanzar propaganda en favor de sus programas sociales, lo que le valió una respuesta inmediata y contundente de Rusia y China. 

Y no es para menos que estas dos potencias contradijeran los dichos del Ejecutivo mexicano, pues en esa reunión se abordan temas de conflictos, amenazas de enfrentamientos o guerras entre países o naciones, que podrían evolucionar a conflictos internacionales, como los que se desarrollan en la frontera de Ucrania y Rusia, en Cachemira, China con la isla Taiwán, las agresiones a Damasco o el conflicto entre Palestina e Israel. 

El Consejo de Seguridad tiene la misión primordial de mantener la paz y la seguridad internacionales, que utiliza como herramienta primaria el diálogo, para que las partes en conflicto lleguen a un acuerdo de manera pacífica, aunque también puede imponer sanciones económicas, embargos, y en última instancia autorizar el uso de la fuerza. 

La decisión de dar un discurso para pedir dinero no tuvo el tacto requerido, si es que se buscaba la empatía de los países y, sobre todo, de las potencias mundiales, en el que pesó más -a mi parecer- la decisión del presidente Obrador, que los consejos de Juan Ramón de la Fuente o Marcelo Ebrard. 

Es cierto que a nadie se le puede decir que expresar, sin embargo, para dialogar con las grandes potencias mundiales se debe hacer con el mismo nivel de conocimiento de los conflictos internacionales -para infundir respeto- porque los fenómenos de pobreza en el mundo no pueden ser encasillados en un sólo origen y, de la misma forma, todas las personas que han generado riqueza lo hacen con una misma receta; fue por eso que el representante de Rusia le hizo saber que se había equivocado de foro, mientras que el de China de plano le dijo que respetara la soberanía de los países. 

Sus “cinco minutos” en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas los echó a perder con un discurso fuera de lugar, aunque también existe la posibilidad de que ese escrito le permitió no tomar partido por alguna potencia mundial. 

Un discurso sobre la amenaza al género humano y posiblemente a todo ser vivo, sobre un despliegue de la inteligencia artificial con total autonomía, hubiera sido una mejor propuesta.