Enrique Escobedo

La voz popular denomina fusible político a personajes que ocupan cargos administrativos cuya razón de ser es que se fundan, es decir que los renuncien, por efectos de la intensidad de las corrientes y cargas políticas. La alegoría siempre me ha parecido muy ingeniosa, pues proviene de los fusibles eléctricos que son baratos, desechables y rápidos de olvidar.

Usualmente los fusibles políticos son servidores públicos de mandos medios que pagan los errores de los altos jerarcas políticos a cambio de que a los dos o tres años se les vuelva a encomendar en puestos burocráticos medianos. Sin embargo, se dan casos en los que la carga de electricidad política es tan fuerte que hay que recurrir a “quemar” a políticos encumbrados. Tal es el caso del señor  Emilio Lozoya Austin, ex director de Petróleos Mexicanos.

No sé si el otrora funcionario es culpable o inocente de lo que se le acusa, pero el propósito de este artículo no es defenderlo o de hundirlo más. Lo significativo del caso es que se trata de una figura de familia política desde el salinismo.

Es un economista que, independientemente de que se le demuestre su culpabilidad, es señalado como un emblema de la corrupción de la administración del ex presidente Enrique Peña Nieto.

En otras palabras, la suerte ya está echada para el ex funcionario, pues la actual gestión sabe que debe derramar sangre del gobierno pasado y así calmar la ira social.

De alguna manera se trata de una acepción a la definición de preso político, pues el punto central del caso es que alguien cargue y pague por los errores del pasado y no se llegue a culpar al ex presidente de la República. De ahí que ante el muy probable encarcelamiento de Lozoya, aún pueden acompañarlo quienes colaboraron con él en Pemex, al menos dos ex subsecretarios de Energía e incluso el propio ex secretario Pedro Joaquín Coldwell.

En otras palabras, todavía pueden ser fusibles políticos cinco o seis antiguos colaboradores de Enrique Peña Nieto. Número suficiente para que transcurra el sexenio del presidente López Obrador y así se entretenga a la sociedad.

Cuando los fusibles políticos son de alta envergadura la sociedad lo disfruta más que si se trata de burócratas de medio pelo. Empero sociológicamente es importante recordar que los pueblos son insaciables y que siempre exigen más y más. Estoy seguro que la actual gestión tiene expedientes completos de otros ex colaboradores de Peña Nieto y que, en su caso, también pueden ser sacrificados.

El tema es que un gobierno que ofrenda a políticos del pasado debe saber cuándo poner punto final al asunto. Así lo hizo Miguel de la Madrid con Jorge Serrano y Zedillo con Raúl Salinas de Gortari, por citar dos ejemplos. Ahora corresponde saber el nivel de prudencia con el que actuará el actual régimen y cuántos fusibles piensa quemar.

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