Enrique Escobedo
Las biografías de las palabras son personales y responden usualmente a nuestras vivencias y contextos. Así me ocurre con encontrar, perder y desencontrar. Veamos, encontrar un objeto, por ejemplo, mis llaves que creía perdidas y las busqué es una situación; otra es hallar por casualidad una barra de chocolate que olvidé en una chamarra. Pero no puedo decir que desencontré mis llaves o mi barra de chocolate.
Los desencuentros son algo más profundo y metafísico, pues entran al mundo de los valores y de las perspectivas. Aquí planteo otro ejemplo: escuchar el discurso de un político e identificarme con el contenido y discurso del político me conduce a reflejarme con el orador y su partido. En ese caso hubo un encuentro de ideas y no de cosas u objetos.
Los encuentros y desencuentros en este artículo, por lo tanto, aluden a las ilusiones y desilusiones respecto a las perspectivas políticas e ideológicas de un líder y su partido político. Tal es el caso de muchos conocidos que encontraron en el discurso lopezobradorista de campaña un encuentro de afinidades ideológicas y programáticas. Fue, para muchos el encuentro y para otros un reencuentro con la izquierda que regresaba a fin de combatir al neoliberalismo. Empero esa ilusión se convirtió con el transcurso de la actual administración en desilusión y desencuentro.
El desencuentro viene con la pérdida de certidumbre de que el camino propuesto es el correcto. Entonces llega la desconfianza acerca del líder, de su equipo de colaboradores y de su partido. Posteriormente llega el escepticismo acerca de que lo ofrecido en la campaña no se alcance. Es cuando llega el nihilismo carente de valores y aplanador del futuro.
Los desencuentros ciudadanos ante la política transfiguran sus rostros en tristeza y en narrativas de experiencias carentes de significados. La memoria colectiva ante los desencuentros con la política son desembarcos interiores ensimismados de coraje y de cristales rotos. Hoy crece el desencuentro con el presidente López Obrador.
Lo arriba descrito es producto de haber creído en un hombre ambicioso de poder e inescrupuloso. Andrés Manuel López Obrador tiene un discurso y una retorica que convence a muchos, pero en los hechos ya demostró su falta de comprensión de la Administración pública. Es más, sus desencuentros con algunos miembros de su gabinete y con algunas de sus corcholatas ya son del dominio público. La pérdida de la brújula y la falta de orientación de un camino ancho y largo ya se notan.
Grandes sectores de la sociedad ya viven el desencuentro con el actual gobierno. De ahí que si el presidente López Obrador desea realmente pasar a la historia como un buen conductor político debe de dar primer paso y reconciliarse con las formas democráticas de apego al Estado de Derecho, pero si Morena insiste en su camino de ilegalidad en sus campañas, difícilmente veremos un reencuentro.
















