Bernardo López 

Al presidente Obrador le urgía que un tema fuerte desviara la atención del extraño caso de la “casa gris”, que vincula a uno de sus hijos y a su nuera con una persona ligada a la empresa Baker Hughes, relacionada con tratos comerciales en Petróleos Mexicanos. 

Resulta coincidente que en estos días resurgiera el tema de la extradición de la exesposa de Javier Duarte, Karime Macías, quien está acusada del desvío de más de cien millones de pesos de dinero público mientras se encontraba fungiendo la presidencia del DIF de Veracruz. 

Sin embargo, parece que este tema no tiene la fuerza suficiente para dirigir el imaginario colectivo a otro lugar, pues todo este embrollo con la familia presidencial muestra que aquellos que se decían los “buenos, honestos e incorruptibles” son lo mismo, aunque más hipócritas. El presidente Obrador se la pasó repitiendo que no defendería a sus hijos de señalamientos, pero se ha mantenido, día tras día en su mañanera, en hablar del tema. 

Aunque el escándalo de la “casa gris” golpea y contradice el discurso del presidente López, no me parece una buena estrategia, pues este personaje es un hombre de paja, simplemente por el hecho de que su popularidad sigue alta, que de acuerdo a los últimos sondeos se mantiene por encima de los 60 puntos. Él ya consiguió su máximo objetivo y los ataques hacia su persona o a su familia ya están de más, si es que se piensa con miras al 2024. 

Empero, el desvío de la atención de la opinión pública no se originó en el país, sino que llegó del exterior, desde la lejana Ucrania, impulsada por otros intereses internacionales, pues al igual que a López Obrador, el presidente estadounidense también necesita de un distractor, que ahuyente los pensamientos de una inflación del 7 por ciento y de los altos costos del combustible que afecta a la población de Estados Unidos. 

Y no se trata de banalizar la tragedia que recae en el país donde nació el imperio ruso, sin embargo, las acciones durante los años de gobierno del presidente Biden, colocan a este en un 38 por ciento de aprobación, mientras que el partido demócrata mantiene una clara desventaja con miras a las elecciones de este año, donde los republicanos atraen las simpatías. Qué mejor que un evento bélico de gran escala e invocar al enemigo externo para desviar la atención. 

No se trata de decir que Estados Unidos haya planeado este conflicto regional entre Moscú y Kiev (luego de las intenciones de Ucrania de integrarse a la OTAN) pero bien lo puede utilizar para apuntalar la maltrecha imagen del gobierno actual.