Enrique Escobedo

Cuenta la voz popular que el Presidente Adolfo Ruiz Cortines, en noviembre de 1958, le dio a su sucesor Adolfo López Mateos el siguiente consejo: “Los dos primeros años de tu gobierno culpa al pasado, los siguientes dos habla de lo bien que va el país y los restantes presume la obra y habla acerca del magnífico estado en que dejas a la nación”. Difícilmente se sabrá si esa anécdota es verdad, pero pareciera que de alguna manera esa consigna es el espíritu mediante la cual sustentan los presidentes y gobernadores su discurso político y de gestión, incluyendo a los actuales; el ejemplo más claro es que hoy se culpa de todo al neoliberalismo y estamos dentro de los dos primeros años de gobierno.

De alguna manera es cierto que los gobiernos entrantes reciben, desde Miguel Alemán, una Administración Pública a la que hay que hacerle cirugía mayor a fin de adecuarla al proyecto gubernamental, de ahí que lo usual es que cada sexenio se reestructure el aparato burocrático, se emprendan reformas legales en materia política, económica y de procuración de justicia y, de Miguel de la Madrid a la fecha, se le dé tratamiento discursivo especial al tema de la corrupción. Por eso la voz popular dice que los gobiernos reinventan al país cada seis años.

Culpar a los gobiernos anteriores del diagnóstico de la situación tiene ventajas y desventajas y al parecer el secreto está en el tipo de culpabilidad que se señale, pero en el siglo XXI ya no parece ser tan redituable utilizar durante mucho tiempo ese discurso.

Veamos el caso de la actual jefa de Gobierno, la señora Claudia Sheinbaum, quien ganó las elecciones bajo el partido político Morena, pero que militó muchos años en el de la Revolución Democrática (PRD) fue funcionaria y responsable de la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México durante el periodo 2000 – 2006. Ella culpó a las gestiones anteriores de la situación ambiental de la Zona Metropolitana del Valle de México y omitió que incluso ella fue responsable de atender el problema y de paso también señaló al hoy subsecretario de Gobernación Alejandro Encinas y la actual subsecretaria de la cancillería Martha Delgado.

Culpar al pasado me parece que ya no es una buena estrategia para gobernar. Los ciudadanos estamos ávidos de respuestas eficientes y eficaces ante los problemas que nos aquejan. Resulta que no es válido culpar al pasado porque los actuales gobernantes conocían el diagnostico situacional y estructural de las instituciones que ahora comandan, lo sabían porque su discurso de campaña fue combatir las pifias de las gestiones pasadas. Hoy tenemos acceso a la información pública y debieron estudiar, analizar y preparase a fin de solucionar los problemas.

No acepto el argumento de culpar al pasado porque existieron comisiones de transición, porque muchos de nuestros actuales gobernantes ya tienen experiencia en cargos burocráticos, porque protestaron cumplir la Constitución y las leyes que de ella emanan y ahora no pueden argumentar que ignoraban la normatividad. Culpar al pasado es un pretexto grotesco y bufonesco que poco aporta y mucho daño hace.

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