Enrique Escobedo 

No soy ingenuo y sé que los políticos tienen una doble cara. Aunque estoy generalizando son, por un lado, personas ambiciosas y lo que desean es, en lo posible, incrementar su poder, ya sea para servir y, en algunos casos, para servirse del cargo y abusar del encargo. Tienden a ser manipuladoras debido a su capacidad de convencimiento, captan con sensibilidad el momento y eso les permite ser oportunistas, no siempre son consistentes en su ideología, ni en sus principios, pero si en sus fines de lucimiento. Son personas desconfiadas, pero lo ocultan magistralmente, saben seducir con labia y utilizar a las personas como escalones, ya que su capacidad de seducción es penetrante y en algunos casos embriagante. Por el otro lado, la historia registra el perfil de políticos con visión de Estado, firmes en sus convicciones, ejercen la autoridad con apego a la ley, con honestidad toman las decisiones que beneficien a las mayorías, entienden el sentido de la ética pública con sensibilidad humanística, pues su temperamento se funda en sus talentos y su talante.  

Conocen la historia de la humanidad y de su país y la asimilan con sentido e inteligencia a fin de proyectar un futuro promisorio sin rencores, saben acerca de la importancia del derecho y el espíritu de las leyes, con lo cual son congruentes, responsables y consecuentes, conocen y saben acerca de la importancia de la metodología, métodos y técnicas que la Administración pública actual requiere con el objetivo de planear, organizar y realizar sus ideas y, por supuesto son honestos y honrados. Son las dos caras de la moneda de los políticos y sólo estoy hablando de eso que llamamos prototipos, pues en la realidad el perfil del político tiene partes de ambas trazas. La diferencia estriba en el peso que cada uno le otorga.  

Ahora que nuestro país está en un proceso electoral en el cual se vamos a elegir 21 mil cargos de elección popular entre los que destacan 15 gobernaturas, 500 diputados federales y en la ciudad de México a 16 alcaldes, vale la pena tratar de conocer el perfil de aquellas personas que nos van a representar. Lo cual es relativamente sencillo porque gracias a la tecnología informática podemos investigar quienes son los candidatos al poder ejecutivo y legislativo. Pero poco sabemos realmente de sus capacidades y habilidades debido a que los únicos datos que los candidatos suben a las páginas electrónicas son sus semblanzas curriculares a modo y las mejores fotografías, la mayoría retocadas.  

Es cierto que debido a la crisis sanitaria por la cual atravesamos difícilmente tendremos oportunidad de escucharlos hablar en público, es poco probable que debatan y le hagan saber a sus electores el día, la hora y la página Zoom u otra en la cual podremos verlos y escucharlos. Mucho me temo que solamente sabremos de ellos, si acaso, su nombre, en algunos casos su rostro y el partido político que los cobija. No sabremos de su carácter, de su personalidad, ni de su capacidades y competitividad. Por lo tanto, ignoraremos sus cualidades y defectos.   

Estamos por elegir a verdaderos desconocidos – tal vez con algunas excepciones en los casos de reelección – lo cual es preocupante, ya que el destino del país está entre el fortalecimiento de la democracia de pesos y contrapesos, plural y tolerante o en el regreso al monopartidismo hegemónico con su consecuente pirámide isósceles en la cual el presidente se vuelve omnímodo, el federalismo será de papel y la sociedad civil queda marginada. 

Elegiremos sin saber acerca de las cualidades y defectos de nuestros representantes populares y eso es grave. Por lo anterior, nuestras opciones se reducen a votar por un proyecto democrático o por uno unidimensional y maniqueísta. Lo cual es significativo. Nos corresponde salir a votar y manifestarnos pacíficamente en las urnas, aunque los candidatos sean una incógnita, pero no los proyectos. 

Confío en que en un futuro cercano habremos de superar las crisis sanitaria, económica, laboral, educativa y de inseguridad. Que las instituciones de la República retomen su cauce y que los perfiles de los políticos nos hablen de su semblanza y de sus talentos probados y demostrados. Ojalá así suceda.