Bernardo López 

El presidente Obrador dice que el propósito de cambiar los contenidos de los libros de texto es para tener una educación “científica y humanística”, sin embargo, por qué la Secretaría de Educación Pública (SEP) mantiene el uso de cubrebocas, el cual perjudica la salud de las personas y de los niños al provocar una menor oxigenación en la sangre y favorecer el crecimiento de microorganismos anaerobios (que no necesitan oxígeno para sobrevivir). 

Además, ya hemos explicado en anteriores ocasiones que los cubrebocas no detienen a los microorganismos, porque su tamaño es tan pequeño que logran traspasar cualquier malla que les pongan enfrente. Entonces no es muy científico el programa piloto del nuevo modelo educativo que buscan implantar en el sistema público de enseñanza. 

Por otra parte, quieren confundir a los niños con la introducción en la enseñanza de la perversa ideología de género, que busca desvirtuar los fundamentos biológicos de los humanos: censurar el concepto de mujer y de hombre, para dar paso a construcciones de la identidad mediante distorsiones y deformaciones sociales. 

Está por demás aplaudir el acierto, que se concediera una suspensión por parte del Juzgado Sexto de Distrito en Materia Administrativa de la Ciudad de México, para detener el programa del nuevo modelo educativo, promovido por la 4T, pues no se debe intervenir en las mentes de los niños con estas ideas que buscan forzar una afirmación de la identidad. 

La construcción del Yo de una persona es un proceso muy largo, el cual las autoridades no deben viciar con la ideología de género, porque coaccionan a los menores a tomar una decisión, que los obliga hasta el extremo de realizarse intervenciones quirúrgicas, pero que después devienen en arrepentimientos, principalmente por esta inmadurez en el desarrollo de la identidad. Está bien si una persona adulta perfectamente definida decide transformarse en aquello que quiere ser, pues está en su derecho, pero en un niño eso es inválido, malvado e injusto. 

El Pejelagarto dice que es “conservador” impedir que su modelo educativo se lleve a cabo, sin embargo, a pesar de esas descalificaciones, es obligación de los padres de familia defender a sus hijos de estas ideas, no sólo dentro de los salones de clase sino también contra los contenidos que se difunden en las redes sociales y los medios de comunicación, pues existe toda una maquinaria institucional que está promoviendo este cambio.