Enrique Escobedo

El oráculo en la ciudad de Delfos, Grecia, tiene escrito a la entrada “conócete a ti mismo” como un principio de honestidad y de vida. Tan importante fue la fuerza del conocimiento que el gran Sócrates ironizó su famoso “yo solo sé que no se nada”. Ese amor por el conocimiento y la sabiduría sufrió un letargo durante la edad media hasta que el Renacimiento recuperó la importancia de la curiosidad como fuerza de vida. Desde entonces el conocimiento ha sido tan importante que en prácticamente todos los países del mundo hay instituciones de educación superior o universidades en favor del saber humano. Vivimos lo que algunos sociólogos llaman la “sociedad del conocimiento” y se ha fortalecido la Teoría del Conocimiento, por ejemplo, las ciencias sociales focalizan sus esfuerzos en el estudio de las circunstancias políticas, jurídicas, económicas, sociales y administrativas con el propósito de que se analicen de manera coyuntural y estructural los hechos históricos de una determinada época y de un lugar específico con el propósito de explicar y entender la situación actual.

“Conocer para prever y prever para actuar” fue uno de los axiomas que Augusto Comte, padre de la sociología, forjó a fin de darle el carácter científico al estudio de los hechos sociales. Conocer de historia patria, por ejemplo, es algo que yo espero de un presidente o presidenta de la República. A mi parecer, el perfil del jefe del Estado mexicano debe tener, entre otras características, conocimientos sobre teoría constitucional, derecho administrativo, bases de economía, idea de la política exterior, sensibilidad política, saber acerca de la geografía física y human del país, entendimiento del sistema político y, por supuesto, debe estar plenamente empapado respecto a la historia patria y de la Administración pública. 

No, no es mucho pedir, ese ha sido parte del perfil que ha singularizado, en lo general, a los mandatarios mexicanos. Aclaro aquí cuanto antes que Andrés Manuel López Obrador si sabe de historia de México, pero por su ignorancia en los otros temas él y Vicente Fox tienen mucho en común respecto al déficit del perfil ideal de un presidente. De ahí que ahora es momento de evaluar lo que las dos mujeres punteras a la presidencia de la República han demostrado en conocimiento de Administración pública federal.

Ambas proponen crear instituciones y desarrollar programas y políticas públicas sin las necesarias fundamentaciones y solo esgrimiendo algunas motivaciones. Las dos nos ofrecen elevar a rango constitucional proyectos sectoriales a fin de vendernos que sus proyectos serán trascendentes y se fundamentarán en políticas de Estado sin saber cómo se integrará el Congreso; con lo cual sólo demuestran que piensan bajo la egida del presidencialismo y no de un sistema presidencial. Las dos nos ofrecen soluciones organizacionales ante los grandes problemas nacionales, con lo cual demuestran que sus propuestas son de micro alcances e ignoran que México requiere una gran Reforma Administrativa, pues desde Vicente Fox, y ya pasó un cuarto de siglo, se siguen yuxtaponiendo controles, trámites y se duplican funciones entre secretarías e incluso entre los tres órdenes de gobierno. Las dos omiten el necesario tema de la Reforma Fiscal, sobre todo en materia de impuestos, precios y tarifas, ya que ningún gobierno en el mundo puede funcionar sin ingresos fiscales.

Es claro que estamos en campaña electoral y que su objetivo es seducirnos, convencernos y que votemos por alguna de las dos. Nos muestran su mejor cara y nos ofrecen vivir en un paraíso sin comprometerse a arreglar las fallas estructurales del andamiaje burocrático, sin decirnos cómo piensan arreglar la pésima conducción económica de la actual gestión y tampoco han desarrollado proyectos de prospectiva a fin de decirnos qué país piensan dejar en el año 2030.

Por todo lo anterior, me parce que lo ideal es que, aunque estén en campaña electoral, aprovechen los momentos de los traslados y conozcan acerca de la historia contemporánea de México, sobre todo que sepan acerca de los motivos de los éxitos y fracasos de los programas gubernamentales, con ese conocimiento dejarían de ofrecernos instituciones y planes que ya demostraron en la práctica su utilidad o sus errores. Ellas sabrían, conocerían más y crecerían intelectualmente como futuras servidoras públicas. Algo que, por cierto, descubrieron muchos años después de haber estudiado y ejercido sus respectivas carreras. No cabe duda, si quieren crecer, tienen que conocer.