Pedro Flores  

El estado de salud de los presidentes de México, como en todo el mundo se maneja como “secreto de Estado”, le da un dolor de cabeza lo internan en un hospital y es sólo para examen de rutina, como a Adolfo López Mateos que le daban aspirinas para el dolor de cabeza hasta que el Dr. James Leonard Poppen en una intervención quirúrgica, le encontró siete aneurismas intracraneales cuyos efectos finalmente lo llevaron a la muerte.  

Y qué decir de su sucesor GDO que toda su vida tuvo asma bronquial y falleció de cáncer de colon; y que hay de aquel que era arrogante atleta, José López Portillo, padecía diabetes sacarina. Falleció de neumonía, que derivó en insuficiencia multiorgánica.  

O de aquel presidente famoso por su; “hoy, hoy, hoy”, Vicente Fox Quezada que tomaba Valium que tiene efectos tranquilizantes, sedantes, relajantes musculares y anticonvulsivantes. Los médicos recetan Valium a las personas que presentan síntomas de ansiedad, agitación y tensión psíquica producidos por estados psiconeuróticos y trastornos situacionales transitorios.  

Y qué decir de nuestro actual presidente que ya le ha dado Covid-19, dos veces, que nadie sabe cómo les ha afectado a sus pulmones, sufre de hipertensión arterial sistémica, recientemente fue sometido a un cateterismo coronario y colocación de stent (tubo de malla de metal que se expande dentro de una arteria del corazón) tiene afectada la columna vertebral, y algunos médicos aseguran que ha tenido infartos cerebrales y ya hasta dijo que ya se siente cansado.  

¿Pero cansado de qué? Tal vez de los 21 años que se ha mantenido en campaña, o de los 37 ajustes que ha hecho en su gabinete, porque en realidad, parece que el chisme de WikiLeaks, en 2006 cuando AMLO era candidato a la presidencia que le dijo al entonces embajador de Estados Unidos en México, Tony Garza, que de llegar a la presidencia dotaría de más poder al Ejército porque consideraba que era la institución menos corrupta, lo ha cumplido y no los regresó a los cuarteles como le decía al pueblo  

Por el contrario, estamos viviendo una la toma militar del Estado y del poder por otros medios, lo que podíamos llamar una la colonización militar, el gobierno mexicano ya ha encomendado al menos 246 tareas civiles a las Fuerzas Armadas, por lo cual se han vuelto la compañía constructora más importante del país, vivimos una militarización total, y lo peor es que a pesar de eso los índices de delincuencia no bajan, por el contrario, hasta hay nuevas modalidades.  

¿De qué está cansado? si  el Ejército y su “Guardia Nacional”  hacen todo el resguardo antiinmigrante de la frontera norte y sur; la construcción y administración del aeropuerto Felipe Ángeles; la administración de los aeropuertos de Palenque y Chetumal, las finanzas del ISSSTE, la Agencia Federal de Aviación Civil, las Islas Marías, el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec y los puertos y aduanas; la construcción del aeropuerto de Tulum, el Parque Lago de Texcoco, los cuarteles de la Guardia Nacional, dos tramos del Tren Maya y 2 mil 700 sucursales del Banco del Bienestar. Entre otras cosas.