Bernardo López
Se confirma la hipótesis del Bitcoin como “Caballo de Troya” para la implementación del esclavismo digital, como lo habíamos anticipado, pues se ha institucionalizado en los mercados de valores de Estados Unidos, en donde se le dará impulso a varias criptomonedas.
La Comisión de Bolsa y de Valores de Estados Unidos aprobó el listado de 11 fondos cotizados en bolsa para el Bitcoin -que ronda los 47 mil dólares por unidad-, que permitirá la compra y venta al contado, aunque la institución dijo que no aprobaba ni respaldaba a la criptomoneda.
Una parte positiva de este hecho es que los Bitcoins será comercializados de manera física mediante casas de corretaje, fondos mutuos, bolsas de valores y plataformas de comercio; en Estados Unidos se realizarán operaciones en el Nasdaq, la Bolsa de Valores de Nueva York y en la Mesa de Intercambios de Opciones de Chicago (CBOE por sus siglas en inglés).
Sin duda es un parteaguas en el mundo financiero, sin embargo, el Bitcoin desde su origen, lleno de misticismo -que en 2022 alcanzó la cifra de 68 mil dólares por unidad- hace pensar que no sea un instrumento con buenas intenciones.
Se supone que una persona o un personaje llamado Satoshi Nakamoto fue el creador de la criptomoneda, sin embargo, sigue siendo un misterio su identidad, algo que incrementa la desconfianza, pues en anteriores entregas hacíamos una comparación con Linus Torvalds y Richard Stallman, los creadores del sistema operativo basado en Linux-GNU, donde se puede constatar la intención de estos pilares de la programación.
Queda claro apreciar las diferencias porque en el segundo ejemplo hay dos personas de carne y hueso, bien identificadas por sus aportaciones al mundo de la informática, pero en el primero se alienta la leyenda ¿Por qué esconderse después de crear un instrumento financiero vanguardista?
También se dice que el Bitcoin nació como una necesidad después de la crisis financiera de 2008, con la caída de Lehman Brothers, que puso en evidencia la laxitud de la regulación en el intercambio de títulos comerciales, además que se tuvieron que rescatar a innumerables instituciones bancarias y financieras.
Sigue siendo verdadero el dicho que reza: más vale un billete en mano que cien digitales volar, porque de esa manera las personas tienen control sobre sus activos, en cambio de manera virtual pueden ser confiscados, congelados o inhabilitados de manera remota.







