Pedro Flores  

“Que se vayan al diablo con sus instituciones»: la frase usted ya la conoce, la escuchamos por primera vez en 2006, en boca del que se convertiría en presidente 12 años después y que se ha hecho una triste realidad, al desaparecer entre otros organismos al en el Instituto Nacional de Transparencia (INAI), el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), la Comisión Reguladora de Energía (CRE) y la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH) y debilitar al INE.  

Los ataques de AMLO al Instituto Nacional Electoral (INE) a la luz de los que piensan son totalmente ilógicos, ya que basados en la ley, dicho organismo le dio el triunfo que lo llevó a la presidencia de la República, y avaló las gubernaturas de las pasadas elecciones y le negó al expresidente Felipe Calderón y a Margarita Zavala, el registro de su partido personal México Libre, porque no llenaba los requisitos legales.  

El debilitamiento del INE es una maniobra totalmente electoral, la táctica es que la gente no crea en dicha institución, que ha sido reconocida mundialmente por su eficiencia, para que tenga motivos para descalificarlo, si en las elecciones del 2022 los resultados le son adversos, pero no sólo eso, sino que sabedor de que el titular termina su periodo en 2023, tenga la opción de colocar a uno de sus incondicionales en dicho puesto para las elecciones del 2024.  

Las acciones para desprestigiar al INE y no darle los recursos necesarios para cumplir con su cometido al igual que la desaparición de organismos independientes que han sido herramientas ciudadanas para ejercer sus derechos nos lleva a una concentración de poder, que los que saben de política lo llaman totalitarismo que no es otra cosa que un régimen político en el que el poder es ejercido por una sola persona o partido de manera autoritaria, impidiendo la intervención de otros y controlando todos los aspectos de la vida del Estado.  

Si, México está en camino de llegar a ese término señalado por los grandes teóricos de la política mundial, ya que al eliminar todos los contrapesos que le impiden el poder absoluto, cayendo en una forma de organización del Estado en el cual se administra de manera rigurosa sus componentes población, territorio y poderes públicos, a éstos últimos los ataca disminuyendo el presupuesto como lo hace también con el Poder Judicial.  

El 31 de agosto de 1990 cuando todavía mandaba el PRI y había de facto mayor división de poderes y hasta oposición, el escritor Mario Vargas Llosa dijo que en México había una “dictadura perfecta», y ahora que el poder legislativo no le quita ni una coma a las iniciativas presidenciales tal vez podríamos utilizar un término latino que señalaría que en nuestro país hay una dictadura plus cuam perfecta.  

Y hablando de términos, existe una máxima dentro del derecho en el cual se señala que “nadie está obligado a hacer lo imposible”. Es obvio que los diputados y senadores lo desconocen porque aprueban todo sin quitarle una coma, y esta frase se puede aplicar a lo que viene para 2022, en donde el INE tendrá elecciones, consulta ciudadana y revocación de mandato.  

Dicho organismo hizo ajustes a su presupuesto para el ejercicio 2021, luego del recorte de 870 millones de pesos ordenado por la Cámara de Diputados, con lo que el presupuesto de la autoridad electoral pasó de 20 mil 463 millones de pesos solicitados en el anteproyecto a 19 mil 593 mdp. Para el próximo año se lo redujeron prácticamente a 15 mil 12 millones de pesos.