Bernardo López 

En los primeros días de marzo, asociaciones de escuelas privadas en México amenazaron con abrir sus instituciones para brindar sus servicios de educación a los alumnos, pues la situación, tanto de las instituciones como de los alumnos se encuentran en crisis, debido a la prohibición que hizo el gobierno para impedir que haya reuniones, con la excusa de la pandemia.  

Los representantes de estas escuelas afirman que al menos 300 escuelas privadas en el país funcionan sin amparo, mientras, dos en la Ciudad de México laboran con uno. Esto da un respiro a un pequeño grupo de familias, tanto de las que viven por brindar el servicio, así como de los padres de familia y alumnos que pueden acceder a la educación. 

Es inconcebible que la educación en México no sea considerada una actividad esencial, pues las clases por videoconferencia no permiten una verdadera interacción maestro-alumno; o al menos qué esa sea su pretensión, pregunto. 

No es posible que las autoridades de la Secretaría de Educación Pública (SEP) no tengan la imaginación para crear una estrategia que permita habilitar aulas en espacios abiertos, en los patios de las escuelas, para así evitar concentraciones de gases en lugares cerrados como los salones. También podrían alternar a los alumnos: un día asisten y un día no asisten, para que no se registren reuniones de grandes cantidades de personas; hasta se podrían utilizar los sábados y domingos. 

Pero no, las ideas antes mencionadas no son una alternativa para las autoridades de la 4T, comandadas por el presidente Obrador, quien ha hecho muy poco por ayudar a niños y jóvenes en brindarles un servicio de educación de calidad, en cambio, se ha dedicado únicamente a darles dádivas, que no sirven para el desarrollo integral de los individuos. Por otro lado, la SEP anunció una serie de despidos, por ‘austeridad’; esperemos que los profesores no salgan afectados de esta decisión. 

Los niños requieren de maestros para ser instruidos en todas las artes: aritmética, matemáticas, geometría, biología, anatomía, historia, civismo; pues solamente así pueden aclararse las dudas y enriquecer el proceso de aprendizaje. 

Pero que ha hecho este gobierno, únicamente enganchar a los niños a una pantalla de celular o de televisión, o monitor de computadora y dejarlos a su suerte, para que entiendan lo que puedan. ¿Cuántas generaciones van a ser afectadas por esta imposición, cuántos niños con curiosidad de comprender el mundo serán obligados a renunciar a ese deseo y obligados a anclarse a un smartphone? ¿Será que es el primer paso para impulsar el oscurantismo digital que se fomenta, para preparar a los humanos a un esclavismo digital?