Bernardo López 

Ni con todo el aparato de Estado, volcado en promover la revocación de mandato, el presidente Obrador logró los números que obtuvo la 4T en 2018, signo claro de pérdida de fuerza y brillo al proyecto político que encabeza, porque debemos advertir que los resultados no fueron los esperados por jefe del Ejecutivo, sin embargo, su popularidad continúa en niveles superiores al 60 por ciento. 

El que haya participado el 17 por ciento del Padrón Electoral muestra el ánimo de las personas con relación a las condiciones en que se encuentra el país, pues los grandes problemas aún no tienen solución y lo peor es que quien dijo que los iba a resolver ha logrado muy poco: no tenemos un sistema de salud como de Dinamarca, una deuda del Fobaproa que no ha tenido la intención de liquidar, la inseguridad registra niveles mayores que en sexenios pasados, el país no registra un crecimiento económico de 6 por ciento, un aeropuerto internacional que ni es internacional y que tampoco resolvió los problemas de saturación del AICM y la corrupción de Texcoco. 

Se vuelve a refrendar la decepción de la población de la Ciudad de México, debido a que únicamente lograron la votación de un millón 502 mil personas, otro descalabro más para quienes se sentían ya en la silla presidencial. Advertimos, desde que comenzó la campaña de propaganda para impulsar preferidos, que no era la adecuada, al menos para quienes fueron chamaqueados. 

Es posible que el “timing” para realizar el proceso de revocación no fue el mejor, porque el día elegido tenía en contra el comienzo de las vacaciones para muchos mexicanos y una fecha importante para las celebraciones de la comunidad católica. Tal vez, convocarla una semana antes hubiese arrojado otro resultado, más acorde a los caprichos del presidente. 

Este proceso, lejos de fortalecer el liderazgo del presidente Obrador, ahonda la debilidad que se manifestó en las elecciones de 2021 y da pie para que sus adversarios tomen el control de la situación; aunque la popularidad del presidente se encuentra en buen nivel, eso no significa que vaya a ser el elemento que decida quién será el siguiente jefe del Ejecutivo, porque las personas saben diferenciar entre lo que significa López Obrador y sus subalternos que aspiran a la Presidencia de la República, aunque es posible que sin ese apoyo sería muy difícil alcanzarlo. 

El camino todavía es largo y pueden pasar muchas cosas, donde las fracturas evidentes de Morena obligarán a los actores a decantarse por un personaje, quien, cansado por el largo viaje, tendrá que enfrentarse a la oposición, que todavía no determina a su abanderado.