José Luis Sosa

El tema de los inmigrantes que ingresan irregularmente a México no es algo nuevo, esto lo venimos padeciendo de años atrás, pero en lo que va de este sexenio el problema se ha incrementado considerablemente y se agudizó como nunca antes en 2022 con grandes caravanas provenientes de diferentes países, principalmente de Venezuela, Colombia y Haití, esto derivado de los modelos de gobiernos represores, donde los ciudadanos son muchas veces violentados, carecen de falta de oportunidades para vivir dignamente y alimentar a sus familias, entre otros conflictos que constantemente padecen en sus lugares de origen y es por ello que emigran a nuestro país para refugiarse en busca de un nivel digno de vida, pero la gran mayoría de ellos van en busca de él tan anhelado “sueño americano”.

Lamentablemente al llegar a tierras mexicanas se topan con miembros de la delincuencia organizada que los extorsiona, enfrentan en muchos casos abuso de autoridad por parte por elementos de migración, de policías municipales, estatales y federales, lo que en verdad se convierte en un verdadero viacrucis que ciertamente no imaginaban tener que padecer, lo que para muchos se convierte en una verdadera pesadilla, en la que muchos de ellos pierden la vida o sufren lesiones que originan una permanente discapacidad física, emocional y psicológica.

Con mucha tristeza vemos que no todos son inmigrantes solitarios o acompañados de algunos amigos, también observamos familias completas con niños pequeños, bebes en brazos y hasta mujeres embarazadas de las cuales algunas de ellas dan a luz en su trayecto de tránsito, caminando distancias inimaginables, en ocasiones sin zapatos bajo el intenso rayo del sol, sin alimentos o liquido para hidratarse y no quedarse varados en algún camino de terracería, carretera o paraje solitario donde están a merced de cualquier mal intencionado.

Ciertamente es triste ver la impotencia y sufrimiento de estas personas que muy pocas veces son apoyadas (por personas civiles no por autoridades) con comida, agua para beber, alguna prenda de vestir para sobrellevar las inclemencias del tiempo, unos guaraches o zapatos para proteger sus pies en estas intensar jornadas las cuales son muy difícil realmente valorar el inhumano sufrimiento que día con día los lacera en lo más profundo de su interior y carne propia, todo esto con la sana intención de dejar de sufrir en sus lugares de origen y que lamentablemente el emigrar los conlleva a situaciones muy adversas que se traducen en “ir de guatemala a guatepeor”.

Y en muy pocos casos logran llegar a alguna cuidad de la República Mexicana y establecerse temporalmente o lograr arreglar su situación migratoria y conseguir un trabajo, vivienda con un mejor nivel de vida para ellos y sus familias.

Otros pierden la vida al tratar de cruzar la frontera, algunos son repatriados y muy contados logran su objetivo de poder ser aceptados e iniciar sus tramites para radicar en Los Estados Unidos.

Cabe comentar que también durante décadas, muchos mexicanos por falta de oportunidades emigran, por la imparable inseguridad, otros que son desplazados por la delincuencia organizada de sus localidades, principalmente en los estados de Michoacán y Zacatecas, se ven en la penosa necesidad de salir igualmente en busca del tan anhelado “sueño americano” y se aventuran a cruzar la frontera con todos los riesgos que esto conlleva con algún “pollero” bajo fuertes sumas de dinero, algunos por su propia cuenta y muy contados los que pasan a territorio Norteamericano con su visa como turista, para ya ahí quedarse a trabajar y con miras posteriormente a conseguir su residencia.