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Bernardo López

Trabajo conjunto es lo que requieren las autoridades estadounidenses y mexicanas para desescalar la violencia desatada en California, ante las protestas que realizan grupos que se manifiestan por temas de migración.

El embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson, hizo un llamado acertado para conciliar las visiones -sobre el asunto de las protestas y la condena a la violencia desatada en California- entre los presidentes de ambos países, pues lo importante es restablecer el orden y el Estado de derecho.

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, dijo acerca de los acontecimientos en Los Ángeles que “No estamos de acuerdo con las acciones violentas como forma de protesta. La quema de patrullas parece más un acto de provocación que de resistencia. Debe quedar claro, condenamos la violencia, venga de donde venga. Llamamos a la comunidad mexicana a actuar de manera pacífica y no caer en provocaciones”.

El miembro de la Asamblea Estatal de California Carl de Maio, en su cuenta de X, señaló al grupo CHIRLA -una asociación que promueve los derechos humanos y civiles de migrantes y refugiados, además que ha recibido 34 millones de dólares de los impuestos, otorgados por el gobernador Gavin Newson y los demócratas de ese Estado- de estar detrás de los disturbios en Los Ángeles.

De acuerdo a la información que difunde el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, los operativos que ha realizado ha sido en contra personas con antecedentes criminales, como asesinos o agresores sexuales.

La institución también cuestionó a los manifestantes de estar en contra de la aprehensión y deportación de criminales violentos, e hizo un llamado a que en vez de estar creando disturbios deberían agradecer a los miembros del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de hacer de sus comunidades unos lugares más seguros.

Por lo tanto, no existe una contradicción entre los objetivos de los presidentes de México y Estados Unidos, de alcanzar la paz social en el Estado de California y la ciudad de Los Ángeles, únicamente se trata de que colaboren juntos, sin recriminaciones.

Los dos mandatarios no deben engancharse en espirales de discusiones que no llevan a la solución de los conflictos, pues tendrán la oportunidad de reunirse en Canadá para platicar de los asuntos que le atañen a las dos naciones.

Lo que más le conviene a la jefa del Ejecutivo es continuar con su estrategia de mantener la “cabeza fría”, para lograr una mejor clarividencia de los asuntos de Estado que debe resolver y ante el reto que significa la vecindad con Estados Unidos y la administración de Trump.