· Disminución de remesas enviadas por connacionales en el extranjero, debería encender las alertas en todos los niveles de gobierno
· Lejos de ser una simple variación económica, el retroceso hasta los 19 mil 15 millones de dólares representa un golpe directo al sustento de millones de familias mexicanas
María Escalante García
La disminución de las remesas enviadas por connacionales en el extranjero, una caída del 2.5% interanual en el acumulado de enero a abril de 2025, debería encender las alertas en todos los niveles de gobierno. Lejos de ser una simple variación económica, el retroceso hasta los 19 mil 15 millones de dólares representa un golpe directo al sustento de millones de familias mexicanas, muchas de las cuales dependen casi exclusivamente de este ingreso para sobrevivir.
La situación es preocupante no sólo por el descenso en las cifras, sino por lo que refleja: un entorno cada vez más hostil para los trabajadores migrantes en Estados Unidos. La política migratoria agresiva impulsada desde Washington —que ha intensificado deportaciones, persecuciones laborales y detenciones arbitrarias— está teniendo efectos devastadores no sólo en la comunidad mexicana en el extranjero, sino en la economía popular de nuestro país.
Más que un dato aislado, esta caída en las remesas exhibe una peligrosa vulnerabilidad estructural: México sigue dependiendo de recursos enviados por su diáspora, ante la falta de oportunidades económicas reales dentro del país. El hecho de que millones de familias vean comprometida su subsistencia por decisiones tomadas en otro país subraya el fracaso de una política económica nacional que no ha sabido ofrecer alternativas viables a sus ciudadanos.
La reducción en el flujo de remesas impacta de forma inmediata el consumo, especialmente en zonas rurales y comunidades marginadas donde estas transferencias son la principal fuente de ingreso. Esto puede traducirse en mayor endeudamiento, deserción escolar, inseguridad alimentaria y deterioro del tejido social. El retroceso también podría afectar indirectamente al comercio local, que se sostiene gracias al gasto de estos recursos en bienes básicos, vivienda y servicios.
El gobierno mexicano, por su parte, ha mantenido un discurso ambiguo: celebra récords de remesas como si fueran logros propios, pero guarda silencio ante su disminución y las causas estructurales que la explican. Urge una postura firme y proactiva ante el endurecimiento de las políticas migratorias en Estados Unidos, así como una estrategia económica nacional que deje de normalizar la dependencia de este ingreso externo.
En cifras
La cifra es menor a los 19 mil 591 millones de dólares que se observaron en el periodo enero-abril de 2024, según los datos compartidos el lunes por el Banco de México (Banxico)
Este retroceso rompe con cinco avances interanuales consecutivos para el mismo periodo, desde 2019, y ocurre en medio de las tensiones que ha generado la propuesta legislativa en Estados Unidos de un impuesto de 3.5 por ciento a las remesas enviadas desde el país y las agresivas políticas migratorias del presidente estadounidense, Donald Trump, quien regresó a la Casa Blanca en enero de este año.
El desplome en las remesas se debe al deterioro del mercado laboral en EE.UU. y al miedo que tienen los migrantes a salir a trabajar y enviar sus remesas por temor a ser deportados”, explicó Gabriela Siller, directora de Análisis Económico y Financiero de banco Base.
México, donde las remesas representan casi el 4 por ciento de la economía, el envío promedio de connacionales mexicanos al país se redujo un 0.06 % entre enero y abril, de 389 dólares a 384.
Tan solo en abril, México captó cuatro mil 761 millones de dólares en remesas, una caída del 12.1 por ciento. Fatal el dato de remesas de abril. Un desplome no visto desde septiembre del 2012”, según detalló Siller.
México hila once años de incrementos anuales de remesas tras terminar 2024 con un récord de 64.745 millones de dólares, pero en marzo del año pasado terminó una racha de 46 meses con crecimientos interanuales consecutivos.
Los mexicanos son casi la mitad de los 11 millones de indocumentados en EE.UU. y sus remesas representan cerca del 4 por ciento del producto interior bruto (PIB) del país, el segundo mayor receptor de remesas del mundo, solo detrás de India.















