Ivette Estrada

Cuando se acallan todos los sonidos del día, cuando sólo percibes los crótalos del corazón, hay una voz conocida que te habla. Suena con tu voz, pero está llena de una sabiduría que no admites que proceda de ti mismo. Es como si los dioses de todos los tiempos te susurrarn los grandes secretos de la vida. Esa voz es tu propia consciencia.

Pero ¿qué dice, qué devela?

Si alguna vez te atreviste a escucharla pudiste develar para ti viejos enigmas y soluciones que parecían muy lógicas pero que inicialmente pasaste por alto. Es la voz que te lleva a tu reencuentro y a percibir de manera nítida lo que en un momento pasaste por inadvertido.

A veces, esa voz silente se llama corazonada e incluso intuición. Algunos aluden a la mítica figra de Pepe Grillo. En realidad eres tú, tu esencia desnuda de egos y fantasías, herramientas de tu propio conocimiento que en la cotidianeidad pasan inadvertidas.

¿Te atreves a escucharte, a quedar desnudo ante ti mismo y aceptar verdades sin veladuras ni pretextos?

Hay quienes rehúsan estar solos. Para evitarlo ponen música o dejan el televisor encendido. Otros llenan su vida de pláticas isustanciales y ruido de toda índole. Temen a la Verdad más absoluta, a su propia verdad. Aquella que alerta ante el peligro pero también la que clama justicia hacia ti mismo, la que recrimiena y la que perdona, la que traza el camino.

Algunos creen que Dios, el Creador supremo, puso en nuestro organismo o materialidad una sustancia para enfrentar las propias decisiones u omisiones. Unos le llaman alma, pensamiento, inteligencia o ideal. Otros se limitan a nombrarla como consciencia. En términos simplistas es la sabiduría del mundo, de todos los seres en todas las ápocas, dentro de ti. Es la brújula de la vida.

¿Qué hacer ante una encrucijada, cómo reaccionar ante un abanico de opciones, cómo responder a una pérdida o decidir cuál es mi misión en esta vida? Las respuestas a todo lo que se desea saber, los consejos más certeros y claros, están ya en ti.

Sin embargo, lo más valioso se oculta siempre a ojos vistos, a plena luz del día, en el sitio más próximo y por lo tanto remoto e ignorado.

A veces acceder a esa fuente de sabiduría da miedo. Tememos enfrentar lo que ya sabemos. Posiblemente, porque no se trata de una respuesta única y estadarizada, porque responde a la unicidad del ser, a nuestro marco referencial y vivencias, a todo lo que amamos, rehuimos y creemos, a lo que somos.

El espejo de cada uno no es lo que refleja nuestra materialidad, sino lo que nos muestra las cicatrices de cuando sufrimos traiciones y desengaños, de las marcas de la propia puerelidad y miedos, pero también de los momentos que nos deelamos como héroes y magos, como artífices de historias gloriosas y fantásticas.

¡Qué necesitas saber de ti hoy? Escúchate por favor. Te sorprenderá todo lo que puedes redescubrir.

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