Rafael H. Rivera Puebla
Una de las tareas cotidianas en la Protección Civil y con mayor razón en la Gestión Integral de Riesgos, es la identificación de riesgos que pudieran generar algún daño en la población, sus bienes o su entorno.
Con la idea clara y definida de que estos riesgos se construyen de manera consciente o inconsciente con la expansión de los asentamientos humanos, mismos que transgreden los entornos naturales, ubicándose estos en laderas, cauces naturales, barrancas, etc., se identifican y mapean las zonas que son vulnerables a algún tipo de agente perturbador.
En esta identificación de riesgos, a finales de los años 90, se hablaba ya de manera cotidiana de Zonas de Alto Riesgo, de manera indiscriminada, los medios de comunicación y los mismos especialistas de la Protección Civil identificaban amplias regiones poblacionales bajo este concepto, cuando se tenía la necesidad de matizar o establecer algún tipo de semáforo, sin que esto diera lugar a desdeñar la misma situación de riesgo.
De ahí surge otro calificativo que matizaba en grado superlativo la condición existente y se empezaron a identificar “Zonas de Muy Alto Riesgo”, sin embargo la percepción en la población actúa de manera diferente, y lo mismo es si es de riesgo, de alto riesgo o de muy alto riesgo, tal y como lo hemos visto cada temporada de lluvias con casas siniestradas en los cauces y barrancas.
La percepción del riesgo debe cambiar, una de las mejores formas para lograrlo es a través de la educación y la capacitación, cada uno de los órdenes de gobierno tienen como premisa el fomento de la Cultura de la Protección Civil, sin poder atinar en la mejor estrategia, ya que cada uno ha tenido visiones diferentes para lograr el objetivo, dando escasos resultados.











