Rafael H. Rivera Puebla

La base de la Protección Civil actual en nuestro país, es el Sistema de Protección Civil, en cualquiera de sus esferas de competencia, integrando para su funcionamiento miembros de la sociedad civil organizada, al mismo gobierno, academia.

En la Ciudad de México, se facilita de alguna manera ya que algunos de los actores del sistema se integran en los Consejos de las diferentes alcaldías y se optimizan recursos al poder actuar ante una emergencia, siniestro o desastre de una alcaldía a otra en un entorno urbano.

Sin embargo, en el resto del país, se complica esta misma atención y cooperación por las distancias y los entornos de urbano a rural o incluso industrial.

La aplicación de recursos hasta ahora se ha determinado de acuerdo a las aportaciones de cada uno, de esta manera, los municipios pobres, reciben menos recursos, de ahí que además del desarrollo, se ve comprometida la Gestión de Riesgos.

Este es un tema complejo, ya que la infraestructura para la prevención pudiera parecer onerosa, frente a la necesidad de fortalecer la de atención inmediata que sería la de emergencias.

Podríamos pensar en una fórmula que de la asignación presupuestal se etiqueten desde los congresos locales un monto adicional para las unidades municipales de Protección Civil, orientadas a la Gestión de Riesgos.

De esta manera podríamos empezar a reducir el impacto de los desastres en las comunidades con menos recursos e invertir cada vez menos en reconstrucción.

Hay mucho camino que recorrer para la solución de un problema con muchas aristas y asegurar que los presupuestos asignados no se diluyan en “obras de mitigación”.