Rafael H. Rivera Puebla

En la entrega anterior, comentábamos de la entrada en vigor de la NOM-020-SSA2-1994, que dejaba pendientes como la estandarización de la capacitación y la regulación en materia de control vehicular.

Para tener un contexto general de lo que sucede en la actualidad con la atención prehospitalaria, hay que seguir revisando lo que sucedía en los 90´s, al menos en la Ciudad de México.

Comentábamos que se había detonado un crecimiento desmedido de agrupaciones voluntarias para atención prehospitalaria, desde las que brindaban una atención de calidad, hasta los vergonzosos casos en los que se daba el bandidaje de las pertenencias de los lesionados en el interior de las unidades.

Se podían encontrar en cruceros estratégicos, unidades de diversas instituciones, al recibir los llamados, salían como banderazo de carrera automotriz y las calles y avenidas, se convertían en pistas de alta velocidad, para llegar antes que los demás y tener el privilegio de atender a quien requiriera la ayuda.

Ese mismo “honor”, incluía el pasar horas tratando de ingresar al paciente en cualquiera de los hospitales de la red de salud de la Ciudad.

Algunos de los grupos de voluntarios, para asegurar sus gastos de sostenimiento, generaron los “Servicios Especiales”, que incluían cobertura de todo tipo, incluidos eventos musicales y deportivos, hasta filmaciones.

Y de ahí, empezaron a proliferar los servicios privados, unos con gran profesionalismo hasta la fecha, dando atención a empresas aseguradoras y otros que continúan “correteando los servicios” en sus ratos libres, buscando vender la atención y el traslado, claro, a hospitales donde tienen convenio.

No se antoja un problema fácil de resolver todavía.