Rafael H. Rivera Puebla

En las entregas anteriores, hicimos un recuento de la evolución de la problemática que la atención prehospitalaria representa.

Hay que tener en cuenta que no ha sido algo menor, tanto que de alguna se expidió normatividad, sin embargo, estas no han tenido el alcance para regular estos servicios.

Si bien es cierto que la normatividad es de aplicación universal, pareciera que ha sido como “castigo” a los servicios particulares y de voluntariado y laxas a los entes de la administración pública cuyos presupuestos no les permiten dar cabal cumplimiento.

Entonces, ¿cómo se podría regular de manera integral?; una propuesta que no ha caído bien entre algunos círculos, es hacer una revisión de la Norma Oficial Mexicana vigente.

En esta revisión tal vez, valdría la pena “bajar la canasta” de requisitos, de tal manera que la administración pública pueda cumplir completamente con la normatividad, promoviendo al mismo tiempo elevar los niveles de calidad en la atención.

La idea de proponer una capacitación mínima que se encuentra contenida en la norma vigente, es necesaria, sin embargo, adecuarla a la operación cotidiana y actualizaciones continuas.

Por otro lado, integrar una sola autoridad especializada para eficientar los servicios de atención prehospitalaria, así como ser la encargada de vigilar el cumplimiento de la normatividad.

Finalmente, la conformación de un padrón nacional de personal prehospitalario mediante sus certificaciones, de primera instancia usando los registros de la Red Conocer.

En fin, no es una solución única y hasta ahora ha sido una papa caliente que la autoridad no termina por reconocer que el bien máximo a tutelar es la vida y ese debe ser su fin al normar.