Pedro Flores
Primero fueron los “tapados”, en la época de López Mateos, luego vinieron los “suspirantes” después de López Portillo, ahora en los tiempos de AMLO son las “corcholatas”, si cómo aquel personaje que creo la inmortal Carmen Salinas, refiriéndose a todos los que estaban pegados a la botella o tirados en el suelo.
Todo parece ser que en nuestros tiempos todos están tirados al piso, esperando que AMLO les diga “levántese y anden” y sigan haciendo campaña, para que la gente y nuestros medios y redes sociales los sigan y no se den cuenta de los graves problemas que estamos pasando, en donde estados como Monterrey, no tienen agua desde hace muchos, pero muchos días.
Con los destapes del 6 de julio del 2021, sólo se creó otra cortina de humo para que la gente estuviera atenta a otros menesteres y no se diera cuenta de las consecuencias de una inflación que va cada día para arriba con el consabido aumento de precios en todos los productos de la canasta básica.
“Las corcholatas” no sabemos si por su afición a los aperitivos por su “institucionalidad política” no gobiernan y a cada acto que van ya les gritan “presidente” bueno hasta con el secretario de Gobernación ya tuvo su porra con playeras y todo en el evento del Estado de México que decía CON ADÁN LÓPEZ, NOS SENTIMOS AGUSTO.
La actual jefa de gobierno no solamente está destapada y es una suspirante, sino que parece una corcholata pegada al zapato de quien le tiene que dar las ideas y temas a tratar como cuando habló sobre los sueldos de los consejeros del INE, mismo que han sido aprobados por los diputados.
O cuando se lanzó contra la Suprema Corte de Justicia de la Nación porque ésta invalidó el presupuesto que la Cámara de Diputados asignó al órgano electoral durante la más reciente jornada fiscal, y mismo que constaba de un recorte de hasta 5 mil millones de pesos y del cual le tienen que regresar 4 mil 913 millones de pesos que le fueron quitados.
Pero la historia con Marcelo Ebrard es aparte, cabe recordar que unos meses después, cuando López Obrador y su sucesor en la jefatura de Gobierno, Marcelo Ebrard, negociaban qué hacer con una encuesta que daba una ligera ventaja al segundo en la definición de quién estaba mejor posicionado para ser el aspirante presidencial de la izquierda en 2012, el tabasqueño volvió a sacar la misma carta: a cambio de que Ebrard le cediera el paso, él se comprometía a no volver a ser candidato en caso de perder.
Ebrard había lanzado la idea de la encuesta durante una entrevista con CNN, el 7 de marzo de 2011: “Si sacaras ahorita una encuesta —retó el entonces jefe de Gobierno capitalino—, tengo mayor porcentaje que Andrés Manuel”. El 16 de noviembre de ese año, la fundación Equipo Equidad y Progreso, plataforma que impulsaba la candidatura, había convocado a una conferencia de prensa para dar a conocer los resultados de la encuesta levantada a principios de mes por las empresas Covarrubias y Nodo para resolver quién de los dos sería el abanderado.
Aquello se canceló. Lo que hubo, en cambio, fue una aparición conjunta de los dos aspirantes, en un hotel de la Alameda Central, a la que ambos llegaron vestidos con traje oscuro y corbata amarilla y en la que Ebrard anunció que —pese a haber él ganado la encuesta en tres de las cinco preguntas realizadas— el candidato sería López Obrador.













