Aleinad Mina  

El deseo es un impulso vital, cuyo poder animalesco hace que el hombre transgreda el orden, nos lleva a lo prohibido, esa fuerza nos muestra un mundo abierto de posibilidades. El hombre al poseer rasgos animales y al mismo tiempo ser consciente, aparentemente se instala en un orden de poder entre el instinto y la razón. El orden social juzga que tal tensión requiere de autoridad, control, dominio para que la fuerza animalesca transgresora no devore sus límites. En este escenario Bataille reflexiona sobre su teoría del deseo, para él las normas de la sociedad capitalista han incorporado el deseo y lo han despojado de su capacidad transgresora.  

En la sociedad capitalista el deseo no nace como consecuencia de una ley, que debe ser transgredida, sino que es incorporado a la norma, así adormecen nuestros deseos para que tal transgresión sea innecesaria. Se nos prohíbe ser improductivos para el sistema económico capitalista, podemos ver en este planteamiento que erotizar la existencia es dejar de reprimir nuestros deseos más naturales.  

Es importante no descontextualizar que la manera en que deseamos está condicionada a lo que las normas sociales dictaminan deseable; por ejemplo, tratan de imponernos imágenes de cuerpos deseables y para ser ese cuerpo deseable debemos suprimir lo que somos, esforzarnos en alcanzar un ideal moral y estético ajeno a nosotros. Pues aquel que se salga de la norma es improductivo al dejar de consumir, por tanto, es indeseable.  

¿Somos capaces de reconocer nuestro ser y afirmar nuestro deseo? Desde el cuerpo podemos explorar esa cuestión, sentir lo que realmente se nos presenta sin reprensión ni juicio. Cuestión que intentamos sondear mediante el arte. La manera que experimentamos lo erótico en un plano principalmente estético no se reduce sólo a lo sexual, sino a todo lo que causa placer físico y a la sensualidad del gusto que se contrapone con lo eterno, el espíritu y la razón. Vamos a explorar el erotismo como una experiencia creativa del cuerpo a partir de la fotografía de dos artistas contrastantes. 

El fetichismo vintage del artista checo Jacques Biederer (1887-1942) nos muestra la provocación encapsulada en fotografía. Su trabajo se instala en París del siglo XX, en una época en la que su obra causó un gran alboroto por los elementos fetichistas y sensuales que retrata. Biederer nos presenta el mundo de lo burlesque, el sadomasoquismo y la provocación con un toque humorístico muy presente. Un deleite sumamente sensual que transgrede definitivamente la norma.  

Alva Bernadine ha fotografiado para revistas como Vogue, GQ, Elle. Sus fotografías tienen una narrativa cargada de color, alta costura y publicidad, instala una imagen que recrea lo irreal en un campo sensual. Desde la perspectiva expuesta, si bien su obra representa un erotismo parece que el deseo de explorar la transgresión del canon estético no tiene esa finalidad.