Miguel Ángel López Farías

¡Y gano la tlayuda! se trató de un concurso en el que por medio de votación se elegiría cual era el platillo más rico en Latinoamérica, quedo en primer lugar, atrás quedó el «choripan «argentino y el «ceviche» peruano.

Este fin de semana es obligado a degustar este platillo que corona a una de las gastronomías más grandes de Oaxaca y de México, todo un ritual en su preparación, quienes han y hemos, tenido el gusto de observar ese proceso de la tortilla gigante, dorada con manteca, siendo montada por los frijoles , el quesillo, el tasajo, la salsa, cebolla,  la longaniza  frita, y que no te alcancen las manos para sostenerla  por las dimensiones del totopo, es  una aventura que merece un monumento, el emblema de la tlayuda y sin duda el presidente Lopez Obrador, que anda por esas tierras le entrará a una de estas exquisiteces que surgen del comal de las manos de mujeres mixtecas o zapotecas. 

El presidente de México, cada que anda por el sur, se le siente cómodo, no le va tan mal, conoce el terreno, es bien recibido por su amigo el gobernador Alejandro Murat, uno de los jefes estatales mas jóvenes, quien ha colocado un sello a su administración muy por encima de su antecesor Gabino Cue, alguien que paso de noche, efecto  de ese hibrido de alianzas que lo llevaron al poder para después atarlo en medio de un enjambre de compromisos, Gabino Cue ha sido de los más inocuos en la memoria de la histórica Oaxaca, ahora con Alejandro Murat se inscribe algo distinto, más cuando se habla de uno de los proyectos más ambiciosos para la región, las vías transistmicas, mismas que conectarán al Pacifico con el Golfo de México, tan necesaria  que fue trazada desde tiempos de don Porfirio Díaz, y que por diversas razones no ha podido ser cuajada.

Esa región de México, el sur y su geografía entre Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Tabasco, ese cinturón ha representado uno de los puntos suspendidos del progreso, abandonados a las ambiciones, a los cacicazgos y la ruleta de la corrupción, al ser estados que significan el botín de políticos, de partidos, de familias que como la mafia se traspasan el poder de generación en generación.

Oaxaca, por sus ventajas orográficas , puede y debe convertirse en la palanca de inversión y avance social, pero cuidado, el juego debe incluir una puntual transparencia en los recursos, en su destino y la aplicación de programas que signifiquen verdadera ayuda para los campesinos, para pescadores, para pequeños y medianos empresarios, aquellos que puedan participar de un rosario de iniciativas, con rostros social y no electoral, pues el riesgo de que se jaloneen a la entidad entre las banderas partidistas es muy alto.

La región sur de México es una sufre las brutales diferencias sociales y económicas, a años luz de la potencialidad del norte, un sur que ha sido acostumbrado a el paternalismo del centro, receptora de limosnas y dadivas y no de una verdadera reingeniería de inversión y propuestas que cambien el rostro de pobreza y abandono.

Ya está en la cancha de quienes son gobierno, esperemos que esos ánimos de celebración por la tlayuda continúen y que de una vez por todas se haga algo por el sur de México.