Bernardo López
Gran controversia desató la jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum, al decir que el Gobierno local usaría un acuerdo para monitorear la localización de los usuarios a través de sus celulares en la Ciudad de México, con el objetivo de saber si están respetando la cuarentena, pero que después se desdijo y afirmó que no estaba de acuerdo con esas prácticas, y acotó que sólo se utilizaría la información que tiene que ver con la saturación de las antenas.
Esto si se hiciera como la primera afirmación sería una grave violación a los derechos de las personas, pues los datos personales no pueden ser utilizados sin el consentimiento de la persona involucrada. Y tampoco deberías permitir que se usen para fines comerciales.
El caso es que Google lo hace con su COVID-19 Community Mobility Reports, que es una herramienta que utiliza los datos recopilados de las personas mediante sus Smartphone. Es decir que esta empresa utilizará los datos de las ubicaciones de las personas para saber si las instrucciones de confinamiento se han seguido.
Los informes mostrarán las visitas en donde estuvo una persona, ya sea tiendas, supermercados, farmacias, parques, lugares de trabajo, aunque la empresa afirma que estos están diseñados para proteger el anonimato de los usuarios, pues proporcionarán información general de sus visitas a ciertos lugares, pero no de su ubicación.
No se debe permitir nunca la privatización del espacio público, pues eso sería equivalente a estar confinados como en las granjas de gallinas, donde a los animales se les proporciona un espacio muy reducido para estar y para ser, pero con la condición de que produzcan la mayor cantidad de huevos, sin derecho a la movilidad, al libre tránsito.
Cuando la pandemia del coronavirus COVID-19 acabe, debemos regresar a las calles, a apropiarnos de nuevo del espacio público, para permitir que los niños, adolescentes y adultos disfruten de la compañía de las otras personas.
Permitir un confinamiento perpetuo sería como estar muerto con vida, porque ya no se tendría la capacidad de experimentar, de vivir, de conocer el mundo, de explorarlo. No se debe apagar es ímpetu de los humanos por descubrir y de asombrarse por todo lo que representa el universo.
El espacio público es de todos, no permitamos que algunos quieran expropiarlo, para condicionarnos la forma en que debemos desplazarnos y movernos.













