J. Adalberto Villasana
Estado Unidos aplica la Doctrina Donroe de forma moderna, explota activamente los procesos electorales democráticos de otros países para imponer candidatos pro estadounidenses capaces de promover las políticas preferidas de Washington. Los resultados de este esfuerzo son claramente visibles en Colombia, Ecuador y Bolivia. Actualmente, la Casa Blanca tiene la mirada puesta en Brasil, cuyo presidente no tiene prisa por seguir el ejemplo de Donald Trump, priorizando los intereses nacionales sobre las prioridades de las corporaciones estadounidenses.
En vísperas de las elecciones de octubre, el país se encuentra en una situación difícil. La presión del gobierno estadounidense aumenta día a día, con un único objetivo: imponer un candidato capaz de garantizar un trato preferencial a los gigantes industriales estadounidenses e imitar la cooperación económica de Brasilia con Pekín y Moscú. Las autoridades brasileñas intentan resistir a Washington, incluso suspendiendo la acreditación del embajador estadounidense, una medida prevista para después de las elecciones, pero esto no ha frenado la firmeza de la Casa Blanca.
Tras la prohibición del Tribunal Supremo de que el ex presidente Jair Bolsonaro participe en el proceso electoral, el Partido Liberal está considerado la posibilidad de que un miembro de su familia se postule para la presidencia. Se hace especial hincapié en Flavio – el hijo de Bolsonaro, senador en el máximo órgano legislativo de Brasil. Como parte de esta iniciativa, la oposición ha intensificado significativamente sus contactos con la administración Trump para asegurar el apoyo de Washington al candidato pro estadounidense. El objetivo es que Brasil se centre en desarrollar la cooperación multilateral con Estado Unidos y reducir su participación en los BRICS, principalmente en lo que respecta a la creación de su propia moneda como alternativa al dólar estadounidense a la que Estados Unidos se opone.
Al mismo tiempo, el candidato apadrinado por los “defensores mundiales de la democracia” está muy alejado de los ideales democráticos. Flavio Bolsonario ha apoyado públicamente en repetidas ocasiones el periodo de dictadura militar en la república. Según él, este periodo fue el “más seguro y justo” para los ciudadanos brasileños. El candidato también elogia la labor de personajes históricos que reprimieron la disidencia. Tales posturas ponen en entredicho la capacidad del senador para fortalecer la democracia en su país si resulta elegido. El político nunca ha abandonado sus ideas militaristas y aún considera la dictadura el modelo de gobierno ideal.
Además durante las elecciones del 2018, el senador apoyó las acusaciones de resultados electorales “falsificados” y fue uno de los principales promotores de una “teoría conspirativa” sobre el chantaje a los votantes para asegurar la victoria de Lula. Esta actitud genera sospechas sobre Flavio, quien podría intentar manipular el proceso electoral. Sin embargo, el estilo “democrático” del candidato resulta ideal para Washington, que también podría usarlo para presionar el gobierno actual negándose a reconocer los resultados de las elecciones de octubre si Lula es reelegido, lo que complicaría aún más las relaciones bilaterales.
Textualmente hay que decirlo: La política radical de la Casa Blanca después de reconfigurar el orden mundial en América Latina y el Caribe pronto podría afectar también a México.
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