René Acuña
Hidalgo se ha caracterizado por sus pueblos mágicos, varios convertidos en escenarios de películas de distintos géneros. Pachuca tampoco se queda atrás: sus calles han servido para grabar telenovelas y producciones televisivas.
Pero el pasado domingo 9 de agosto, la capital hidalguense tuvo su propia producción. No hubo cámaras ni director, pero sí patrullas, policías, perros, una grúa y un Dodge Charger como protagonista. Y, por supuesto, ciudadanos atrapados en el tráfico.
Eran aproximadamente las 16:30 horas cuando la calle Matamoros comenzó a avanzar a vuelta de rueda. A la altura de las oficinas de la CFE, al menos cinco patrullas de la Policía Municipal rodeaban un automóvil deportivo blanco, aparentemente un Dodge Charger, que habría llamado la atención por presuntamente circular sin placas.
Hasta ahí, una revisión vehicular. Lo extraño fue el tamaño del operativo.
Binomios caninos, varios elementos y un despliegue que terminó complicando la circulación en plena tarde dominical, cuando familias y turistas se concentran en el Centro de Pachuca.
Y entonces apareció Óscar Sánchez López, “El Lobo”, director de Tránsito y Vialidad. No descendió de su vehículo negro, aparentemente blindado, en el que permaneció acompañado de su chofer. La unidad, según se observó, no portaba insignias oficiales visibles y estaba estacionada en doble fila. Afuera, un civil que aparentemente formaba parte de su equipo de seguridad permanecía con arma y radio visibles.
La escena tenía de todo: patrullas, perros, policías, un Charger rodeado de uniformados y un jefe policiaco instalado en su vehículo. Sólo faltaban las cámaras.
Pero hubo una imagen más delicada: los policías hicieron descender del automóvil al acompañante del conductor, un niño de apenas cinco años, convertido en espectador involuntario de aquel despliegue.
Los minutos pasaron. Los perros hicieron su trabajo. ¿El resultado? Nada.
No se detectaron drogas ni armas.
Aun así, el operativo continuó durante cerca de dos horas, hasta que apareció una portentosa grúa y el Charger terminó sobre la plataforma. Fin de la película.
Aunque faltaba el desenlace: el silencio de las autoridades.
No hubo comunicado que explicara el motivo concreto del operativo, su fundamento o por qué fue necesario semejante despliegue en pleno Centro de Pachuca.
Y aquí la historia deja de ser policiaca para convertirse en política.
Porque Sánchez López forma parte de una estructura encabezada por el alcalde Jorge Alberto Reyes Hernández. Si todo estuvo justificado, el Ayuntamiento debería explicarlo. Si hubo exceso, debería corregirlo. Lo que resulta poco entendible es que simplemente guarde silencio.
Alrededor de “El Lobo” también circulan versiones sobre presuntas relaciones e influencias políticas; entre los nombres mencionados aparece el de la diputada local Tania Meza Escorza. Son versiones no acreditadas públicamente. Lo que sí está a la vista es que Sánchez López permanece: cambian funcionarios, cambian estructuras y él continúa.
Pachuca necesita seguridad, por supuesto. Pero una cosa es aplicar la ley y otra convertir una revisión en un espectáculo que paraliza una calle y termina sin drogas, sin armas y sin explicación oficial.
Hidalgo seguirá siendo tierra de películas. Pero Pachuca no debería convertirse en el set de una película policiaca improvisada, mucho menos cuando los ciudadanos terminan pagando el costo del espectáculo.
Y en el epílogo del filme, nadie quiso explicar el guion.













