- En medio de crisis, mostramos necesidad de festejar ¡lo que sea!
Miguel A. Rocha Valencia
Parece perverso, pero así es, que, por un lado, el gobierno presuma que “todo saliera bien” gracias al despliegue de miles de granaderos “inexistentes” en una Ciudad de México donde se estableció un estado policiaco y, por el otro, que festejemos el mediocre triunfo de la selección nacional de futbol que a nadie convenció, ni a sus integrantes, empezando por el entrenador.
Para el gobiernito, el haber controlado las protestas mediante el uso de un cuerpo policiaco que en la declaratoria desapareció, fue un gran logro, mientras un grupo de madres buscadoras de esos 132 mil desaparecidos que hay en el país, fue agredido no sólo por los escudos policíacos, sino también por “mexicanos de a peso” que, desde luego, no pueden ser empáticos con una causa desconocida.
La imagen que México, país, mostró al mundo fue la de un estado policiaco, con protestas de toda índole que mostraron, a querer o no, la sordera de un gobierno enfrascado más en la fiesta, en el demagógico pan y circo, que en atender los ingentes y urgentes problemas que nos agobian y frente a los cuales se muestra gran incapacidad.
Porque contener una marcha no resolvió el problema, no hizo aparecer a los desaparecidos ni resucitar a los muertos, como tampoco un par de goles muestran a un seleccionado con tamaños para disputar el campeonato universal de las patadas, sobre todo frente a un equipo sudafricano de tercera división y numéricamente mermado.
Tan es así que el propio entrenador Javier Aguirre Onaindia llegó a expresar: “Así no se puede”, al ver la falta de coordinación y fallas en las diversas líneas del “seleccionado nacional” que, sin duda, puede quedar exhibido en sus deficiencias ante un conjunto coreano que se vio disciplinado y listo para remontar adversidades.
Pero estamos tan urgidos de festejar algo, lo que sea, que millares salieron a la calle para hacerlo en el marco de una catarsis social que, como siempre pasa, llegará al límite y se impondrá la cruda… realidad.
Y mientras, en los alrededores del estadio que cambia de nombre según el interés, grupos de personas, de mexicanos, reclamaban la sordera gubernamental a sus necesidades expresadas en la calle.
Lo más grotesco fue ver la falta de empatía y hasta agresividad de algunos distinguidos ciudadanos, de esos a quienes la inseguridad no les toca y que, más allá de sus propios intereses, lo demás les vale madre, contra las buscadoras de desaparecidos, quienes simplemente pegaron las fotos de esos seres que no han vuelto a casa.
Y como si eso fuera poco, el gobiernito anunció que va a investigar quién pagó a esos grupos de buscadoras para que vinieran a la Ciudad de México a visibilizarse ante el mundo, a gritar que sus autoridades no las escuchan, pero sí propician que millares de compatriotas sean secuestrados o escapen de la violencia sin avisarle a nadie, pues si lo hacen, corren el riesgo de ser asesinados o “evaporados”, como los de Ayotzinapa.
Pero eso no importa, para el gobierno de la 4T, carente de autoridad moral (¿Qué es eso?), es más importante saber quién ayudó a las buscadoras, lo cual es un mensaje para esa casi extinguida oposición que se mece en la hamaca de la mediocridad, para que haga lo propio durante las convocatorias de los cuatroteístas para llenar el Zócalo y darse baños de pueblo agradecido.
Porque ellos, quienes gobiernan, no rinden cuentas de lo que gastan en el acarreo de mexicanos que por un taco y unos pesos, se suben al camión para pasear por la Ciudad de México, pero sí se indignan y lanzan gritos de sospechosismo cuando otros lo hacen.
Por eso, cuando acusaron al gobierno de Coahuila de comprar voto, ni ellos se aguantaron la carcajada por ser ellos los autores desfachatados y cínicos de la compra de votos con el presupuesto público, no sólo con los programas sociales que, según dicen, alcanzan a más de 42 millones de agradecidos mexicanos, además de subliminar los instrumentos de coacción para los que cuenta con un ejército burocrático llamado “siervos de la Nación” y la tribuna propagandística con mayor cobertura a nivel del país.
Pero lo mismo desde los palacios Nacional y de Covián se cuestionaron y ordenaron una investigación sobre el origen del financiamiento de los autobuses y el traslado de personas provenientes de Jalisco a la Ciudad de México para participar en las protestas de colectivos de personas desaparecidas.
La respuesta de los colectivos fue clara al criticar al gobierno por enfocarse en investigar quién pagó los viáticos de las manifestantes, en lugar de atender la crisis de seguridad y dar resultados sobre la búsqueda de los más de 132 mil desaparecidos en el país, de los cuales hay cerca de 70 mil sin identificar en las planchas y refrigeradores de los semefos.
Pero además, reiteraron esos colectivos que financian su búsqueda con donativos y recursos propios, ya que las autoridades omisas o cómplices no ayudan, pero sí estorban y hasta niegan información y acompañamiento en zonas de gran peligro para las madres.













