Enrique Escobedo

Las fechas históricas son en muchos sentidos convencionalismos académicos a fin de organizar anales de la vida de las sociedades y de las naciones. Se trata de marcar hitos que definen un antes y un después de lo que era más o menos periódo. Así tenemos que el año de 1945 fue el fin de la Segunda Guerra Mundial y el surgimiento de un mundo bipolar entre dos ideologías, el socialismo y el capitalismo. A ese hecho lo conocemos como la Guerra Fría encabezada respectivamente por la Unión Soviética (URSS) y los Estados Unidos (EUA), la humanidad entera padeció ese conflicto de tensiones, espías y escalada de armas nucleares. Fue un permanente posicionamiento de piezas de ajedrez político que en términos geopolíticos, geoestratégicos y geoeconómicos todas las naciones tuvieron algo que hacer y que decir, pues tomar partido o no era vital en la vida de las naciones. De ahí que en ese periodo hubo un orden mundial más o menos estable.

Finalmente, en 1991 la URSS se disolvió y con ese hecho acabó a Guerra Fría. Fue el fin de un orden mundial bipolar y se consolidó lo que hemos denominado la globalización. Un fenómeno económico, financiero, tecnológico y cultural que empezó con Marco Polo, Colón y Magallanes y que a finales del siglo XX redefinió un nuevo orden mundial y que nos aproximó a la idea de la Aldea Global. La globalización apenas vivió durante un corto periodo el liderazgo de los EUA, pues en el escenario apreció la República Popular de China, el Bloque de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), fuimos testigos de la Primavera Árabe, también del surgimiento del fundamentalismo de algunos grupos islámicos, de la aparición de criptomonedas como el bitcoin y del dominio del comercio mundial sin aranceles. Fueron en la práctica treinta años de un orden mundial compulsivo en el que las democracias emergieron en muchas naciones del mundo y también la desilusión respecto a las mismas debido a que fueron incapaces de satisfacer expectativas de bienestar social, trabajo y calidad de vida, lo cual ha impactado sobre todo a las juventudes.

Debido al déficit democrático surgieron populismos de izquierdas y derechas que reivindican y ofrecen, sobre todo a los jóvenes, mejores oportunidades de realizaciones. En América Latina fue emblemático el caso venezolano por su fanatismo envuelto en una mala imitación del sueño bolivariano. El populismo en México no se queda atrás y desde Morena nos ofrecen una química transformación. Lo mismo podemos decir de la Unión Americana en la que desde el 2025 gobierna un populista dogmático, racista, imperialista y enemigo declarado del llamado libre comercio.

Las fechas enunciadas, 1945, 1991 y 2025 son significativas por configurar cada una, un nuevo orden mundial. Me queda claro que algún lector podrá decirme que el orden siempre ha sido un desorden y que la historia no es lineal y le responderé que tiene razón. Pero no es pereza académica el convencionalismo de las fechas escogidas. Son momentos históricos fundamentales que han marcado al mundo de las ideas políticas, económicas y sociales, así como a la Teoría de las Relaciones Internacionales. No me queda claro cómo será el nuevo orden mundial en el 2030, pero ni para México, ni para el mundo será como lo es ahora.