• Con su pura “confianza”, el ganso parece alucinar en torno a la realidad del país

Miguel A. Rocha Valencia

Las cifras del mesías tropical nos pintan un país en pleno crecimiento y un futuro inmediato de bonanza en base a niveles de crecimiento que sólo él ve y descalifican al Banco de México, al Inegi y a los especialistas.

Esta vez parece que los datos presidenciales fueron apuntalados por el egresado de universidad Bath en Reino Unido, Carlos Torres, sin historial alguno en el servicio público, pero es amigo de Andrés Manuel López Beltrán y de Alfredo Romo.  A eso se debe que se le entregara la coordinación de los 32 súper delegados del machuchón de Palacio Nacional.

Pero el fondo es que, en estos momentos en el FMI y el BID, deben estar ahogándose de risa por las declaraciones del mesías tropical, en tanto que los integrantes del Consejo del Banco de México, no podrán dormir preocupados por las predicciones de quien ocupa la silla presidencial. En el Inegi, recibieron los “datos” como línea a lo que seguramente informarán más adelante.

Ojalá fuera cierto que México creció cinco por ciento el año pasado, “por arriba de Alemania, Corea del Sur y Portugal” como dijo Torres avalado por su jefe y que, en vez de caer el poder adquisitivo del salario a tres por ciento, aumentó siete por ciento y a montos de 13 mil 339 pesos, cuando la realidad no supera los cinco mil 400.

Si eso fuera, se debería más a que la deuda en documentos en manos de extranjeros se fue del país hasta por un monto de un billón de pesos, pero en paralelo, México pide prestado y de ahí el aumento del débito junto con lo derivado de la convertibilidad de dólares a moneda nacional.

En la misma mañanera de cifras alegres hubo sonrisas porque varios de los periodistas asistentes e incluso empleados de Palacio, no ganan ni siquiera diez mil pesos. Olvidaron decir que en 2021 y con datos del mismo gobierno, se incorporaron a la pobreza alimentaria siete millones de mexicanos a quienes, a pesar de trabajar, no tuvieron para cubrir una canasta básica.

Lo peor es que presumieron una baja en la deuda externa al 50 por ciento del PIB, muy lejos del 54 por ciento del que hablan los especialistas, es decir casi un billón 200 mil millones menos. Y ahí mismo dijeron que el promedio de deuda del G20 es del 74 por ciento de su Producto Interno Bruto. Seguramente piensan que ese dato, de ser cierto es positivo, pero no dada la dimensión de las economías de esas naciones, como sería el caso de Estados Unidos.

Pero lo más grave, es que el profeta de la 4T afirma que “hay más igualdad” simplemente porque “le está llegando más a los pobres”, olvidando que, de acuerdo al Coneval, el número de pobres llegó en 2020 a 43.8 por ciento, dos puntos más, lo cual indica que se incorporaron a ese estrato casi cuatro millones de mexicanos.

Es decir, esa igualdad se refiere a que cada vez empobrece mayor número de mexicanos. Las cifras del Inegi así lo advierten, aunque la visión del caudillo sea a su conveniencia o bien el fin de sus políticas públicas específicamente economía. Hacer de México un país de miserables dependiente de la dádiva oficial, sin aspiraciones ni ganas de superación.

Desde su óptica el país crecerá al final del sexenio a un promedio del dos por ciento anual, con lo cual, en los próximos tres años tendría que darse un fenómeno extraordinario que supere no sólo el estancamiento de los dos primeros años y la caída del PIB del 8.5 por ciento en más reciente ejercicio. Es decir, si México “creció” cinco por ciento en 2021, le faltaron 3.5 por ciento para alcanzar los niveles de freno que se registró en 2019-20.

Más aun, todos los especialistas oficiales y privados incluyendo organismos internacionales, no le dan a México más del 2.2 por ciento para 2022 y eso si nos va bien, frente al 4.5 por ciento previsto en el paquete económico para este año, pero el machuchón dice que creceremos mucho más, lo cual, se ve cuadrado si no hay inversión.

Seguramente ahora el ganso enfocará sus baterías contra la iniciativa privada nacional y extranjera acusándolos que el deterioro de la economía se debe a que no invierten, y no lo hacen porque se sienten tan perseguidos, extorsionados, ofendidos y despojados que prefieren guardar su dinero para mejores tiempos.

Total, que las cifras alegres de Palacio van a revotas contra la realidad, máxime si la inflación continúa apretando tuercas al salario, donde ni las dádivas ni aumentos demagógicos al salario van a ayudar, por el contrario, podríamos llegar a una crisis financiera y entonces…