• Programa clientelar y recortes al campo, propician caída productiva y pobreza

Miguel A. Rocha Valencia

Los “ahorros” en el campo y los recortes sobre todo en apoyo a la comercialización, financiamiento y nuevos proyectos, a cambio de la dádiva del programa “Sembrando Vida”, ya dieron resultados: incremento del 13.5 por ciento en las importaciones de granos básicos, crecimiento de la pobreza en zonas rurales donde cinco millones de jornaleros agrícolas se quedaron sin trabajo y desde luego un mayor cúmulo de pobres derivados de la subocupación.

También se registra la pérdida de suelos agrícolas y pecuarios, además de una caída drástica en el hectareaje destinado a la siembra de maíz, trigo, sorgo, frijol y oleaginosos incluyendo semilla de algodón y cártamo.

Pero, además, con el retiro de los apoyos a la comercialización “por ser corruptos”, se condenó a los minifundistas a caer en manos de los “coyotes” y con ello encarecer los productos agrícolas que no pueden llegar a los precios de garantía que sólo favorecen a quienes generan grandes tonelajes.

Por lo pronto y como un fracaso más de la inexistente “política agrícola”, México debió importar en los primeros cinco meses del 2021, más de 16.7 millones de toneladas de granos básicos que representaron con lo cual se cumplirá el pronóstico de que el país deba comprar en el exterior más del 45 por ciento de los alimentos agrícolas que necesita.

La caída en la producción agrícola provoca que la producción nacional de básicos como los mencionados arriba, sean cada vez más insuficientes, registrándose récords en importaciones, incrementando la dependencia alimentaria del extranjero y comprometiendo en ello el pago en moneda extranjera, lo cual también repercute en los precios al consumidor.

Salvo que las reglas del mercado hayan cambiado del neoliberalismo a la 4T, uno de los factores de inflación es la incapacidad del país para generar sus propios satisfactores y México va en esa ruta de manera acelerada. En los dos últimos años con todo y el crecimiento de la población, las importaciones crecieron a razón del 12.5 por ciento. 

Claro, los cuatroteros dirán que hay factores como la sequía, misma que pega casi todos los años, incluso en los neoliberales cuando las tierras temporales eran las que generaban el mayor volumen de granos básicos para el país.

Había programas de apoyo y fomento que efectivamente se corrompieron, pero otros caminaban e hicieron que los productores sociales (ejidos, comunidades y nacionaleros) tuvieran acceso a programas para mejorar procesos de producción y comercialización, llegó la cuarta y barrió con todo, decidió regalar dinero a cambio de desmontar y sembrar árboles.

Se llevó de corbata los apoyos ganaderos y todo por la “corrupción”. A cambio, ofreció limosna a los poseedores de la tierra, pero descobijó a los cuatro millones de jornaleros, de los cuáles al menos 2.5 millones, según datos oficiales, migran de sus comunidades con todo y familias a emplearse con grandes y pequeños productores.

De acuerdo con las cifras del Coneval, hoy cientos de miles de esos trabajadores agrícolas, se quedaron sin trabajo y pasaron a engrosar las filas de los más pobres del país, otros, se asimilan a los cinturones de pobreza de ciudades pequeñas y medianas del interior y sobreviven en el sector de servicios, incluyendo la prostitución y son un venero para el crimen.

No hay política agropecuaria como no la hay en salud, seguridad, economía ni nada, solo el permanente reclamo a quienes se fueron, son perseguidos por corruptos, pero los de hoy, no solucionan uno sólo de los problemas que heredaron junto con el poder.

Pero no van a hacer nada, no saben, son incapaces; sólo les gusta repartir billetes para mantenerse en el poder. El problema es que el dinero también llega a escasear y entonces…