- Para la 4T la violencia, los desplazados y desaparecidos son un mito
Miguel A. Rocha Valencia
Más allá de las encuestas y los buenos deseos, la verdad es que México está mal, muy mal, aunque eso no lo acepte el oficialismo que ve en todas las carencias, errores y hasta en su propia corrupción, la mano perturbadora de los enemigos, incluso la misma historia que necia le dice que le pide aceptar responsabilidades y enderezar el camino.
No se trata de sacar aquí una lista de yerros como las “grandes obras” del obradorato o las miserias que deja la transexenalidad de un modelo político-económico empobrecedor que, ante la incapacidad de sus integrantes, nos hunde en la mayor crisis financiera, arrastrados por una deuda que se torna impagable, sino señalar que mientras el actual derrotero siga, nos acercamos a un daño estructural muy grave del cual, si se pretende salir, tendrá un costo muy alto en lo social.
Las cifras ahí están, un crecimiento del PIB que ni siquiera empata al nivel de la población y que las mismas calificadoras internacionales advierten que no es suficiente para mejorar, sino, por el contrario, para ahondar rezagos en todos sentidos, empezando por el económico, seguido de lo social, donde se agrupan educación y salud, en primer término.
Y es que, ante la incapacidad de este gobierno por pensar primero en México y no en un país sometido a su grupo de poder llamado 4T, que a toda costa impedirá que regresen “los de antes” porque, al estilo de Lenin, no pretenden soltar ni compartir el poder, están cimentando en barro su permanencia.
Ese barro que se llama demagogia, mentira y que se traduce como engaño y corrupción, para lo cual no tienen límites, hacen y harán todo “lo necesario”, como lo manda el “librito” del mesías que en su manifiesto manda negar todo lo malo, echar la culpa al pasado, mentir y pedir prestado para mantener la base clientelar de un “movimiento” que tiene como estrategia destruir, someter instituciones y, como hemos visto, copiar regímenes absolutistas donde la élite dominante se enriquece y la pobreza y mediocridad se socializan.
Por eso es que lo único importante para ellos en cualquier encuesta o análisis es lo que les favorece, como cuando se afirma que quien manda tiene una gran popularidad, aunque en contrapartida se descalifique su gobierno en rubros fundamentales como corrupción, manejo de la economía o seguridad.
En cuanto a la destrucción o sometimiento de instituciones, los hechos hablan por sí mismos con el secuestro de la mayoría parlamentaria que les da la oportunidad de someter a otros poderes como el Legislativo, el Judicial y domesticar mediante la amenaza o la dádiva a los órganos electorales, así como lo manda el manual del buen populista.
Cumplido lo anterior y sin importar lo que se tenga que hacer, insisto, como adquirir deuda impagable, cometer los mismos excesos que los anteriores y sublimar el método del sometimiento popular incluso con violencia, se exige el control del resultado electoral y eso, a estas alturas, ya está cumplido.
De esa manera y mediante la repetición de la mentira y el desmentido de los datos de la realidad, se puede negar con muchas posibilidades de éxito ante la feligresía que lo del millón 600 mil desplazados por la violencia criminal es mentira, que en todo caso eso es culpa de Estados Unidos por llevarse a “nuestros” delincuentes y desestabilizar la paz narca que se apoderó de las dos terceras partes de la población mexicana, aunque yo diría que más si partimos de que la percepción de inseguridad está al 75 por ciento.
Y eso sin duda se debe a que durante el año pasado se registraron 33.8 millones de delitos ante las fiscalías estatales y federal, aunque la Encuesta Nacional de Victimización del Inegi deja viva la idea de una cifra “negra” que nos haría brincar los 100 millones, donde el delito más común es la extorsión cuya denuncia no llega ni al 30 por ciento y explicaría el porqué cientos de miles de mexicanos lo dejan todo para salir de la violencia.
Esos mismos datos “hablan” de 510 mil hogares afectados por la violencia, esa que asesina, secuestra, lesiona y amenaza a las personas, a muchas de las cuales despoja no sólo de sus bienes, sino de la paz y el producto de su trabajo honrado. La muestra no fue telefónica, sino en más de siete millones de viviendas. La intercensal del Inegi afirma que con 1.6 millones de desplazados por la violencia, pero en la tribuna de la mañanera se dice que la cifra es incorrecta y, como siempre, tienen “otros datos”, como si en este país aún pudieran ocultarse complicidades entre el poder político podrido por la corrupción y abusos, con el crimen organizado que, al menos, arriesga la vida y libertad en sus ilícitos negocios, mientras que los otros, los del gobierno, gozan de cabal impunidad.