- Continúan violencia, corrupción, impunidad, asesinatos y venganzas
Miguel A. Rocha Valencia
Pase lo que pase, en el imaginario colectivo la captura del exfiscal de Chihuahua César Jáuregui Moreno, es una venganza más de la 4T contra alguien que no se dobló y combatió sin complicidades al crimen organizado frente a las complicidades o sometimiento de la 4T con los diversos cárteles.
Esto se da principalmente cuando existen evidencias claras de gobernadores que protegen o son parte del crimen organizado que según análisis recientes tienen sometida a más de la mitad del país haciendo válido aquello de que en México, gobiernan los cárteles de la droga, tráficode personas, extorsión y secuestro.
Prueba ello es que la impunidad al interior de la 4T y en general en el país se mantiene en los niveles más altos a nivel internacional, mientras que la transgresiones al estado de Derecho, llevaron a organismos a expulsar a la “justicia” mexicana.
De esa manera, el Consejo Central de la Unión Internacional de Magistrados, resolvió expulsar a la Comisión Nacional de Tribunales Superiores de Justica de México a raíz de la llamada reforma Judicial que privilegia la elección mediante acordeones a los impartidores de justicia que por sus conocimientos y méritos en el ejercicio de la profesión.
Eso y el sometimiento evidente de los actuales jueces, magistrados y ministros al Ejecutivo federal. La votación fue de 56 sufragios a favor de la expulsión, 13 en contra y cuatro abstenciones.
En ese marco se da la captura del exfiscal de Chihuahua, a quien se acusa de traición a la patria por presuntamente facilitar la participación de agentes de la CIA en un operativo donde se desmanteló un narcolaboratorio. El abogado del exfuncionario advierte que su cliente no tenía conocimiento de la intervención extranjera en dicha acción.
El propio César Jáuregui acudió a la FGR a declarar en torno al caso y es hasta hoy cuando en “complicidad” con la actual fiscalía de Chihuahua se le detiene y ahora le van a cargar hasta multas de tránsito para hundirlo en la cárcel, mientras Rubén Rocha Moya, Enrique Inzunza Cázeres, están libres y ni se les investiga lo mismo que a la bajacaliforniana Marina del Pilar Ávila Olmeda, el sonorense Alfonso Durazo o el tamaulipeco Américo Villarreal Anaya o el tabasqueño Adán Augusto López Hernández.
La percepción de la vox populi entonces, es que se trata de una revancha más de la 4T que castiga a quienes persiguen a sus “delincuentes” pero a quienes los protegen no sólo no los investiga, sino que los cubre con el manto de la impunidad a pesar de acusaciones internacionales y todas la evidencias y pruebas que hay en su contra a nivel nacional.
Y es cuando surgen de nuevo las preguntas ¿Para eso querían el poder? ¿Para envilecerlo con abusos? Porque en realidad la corrupción que dijeron dejaría de existir nada más tomara la presidencia la 4T, ahí sigue y hay evidencias claras que la podredumbre inició en la casa presidencial de donde también como sombra ominosa, se reparten impunidades en base a lealtades como si se tratara de una organización criminal donde no hay culpable porque todos son cómplices.
Peor como mando el librito del buen izquierdoso o rábano, se debe culpar a otros de todas sus trapacerías y crímenes; se trata de una nueva camada de descastados que en su vida trabajaron por el bien del país y que buscaron el poder para abusar, imponer su ley, someter a la misma Constitución a sus caprichos y con ello a los gobiernos estatales, al país, a los mexicanos, sí, así como lo hacen las organizaciones criminales.
Porque en realidad ¿En qué hemos mejorado? Hoy tenemos saldos criminales que llegan a las esferas internacionales y presentan a México como tierra de bandidos de uno y otro lado de la ley donde los cárteles de imponen a la autoridad civil, obliga a la expulsión de centenares de miles de mexicanos de sus pueblos de origen y nos reportan un saldo en ocho más que supera los 250 mil asesinatos.
Para qué querían el poder si hoy en vez de contar con mejores instituciones, las que había, incluyendo las electorales, fueron sometidas o destruidas por un régimen de ocurrencias, caprichos y soberbia.
Presumir que estamos mejor que antes es una falacia que sólo la miopía o la ignorancia, la arrogancia y vanidad de quienes están en el poder, pretende hacernos creer, pero lo importante es que hay nadie los toma en serio, ni siquiera a los beneficiarios de esa destrucción institucional o del botón en que convirtieron el gasto público.
No van a confesar que hoy estamos peor, con una deuda que ya no se soporta, con ineptitud e ignorancia administrativas que se ven envueltas en una voracidad y rapacidad cínicas que son justificadas porque los de antes también lo eran y a la mejor si, pero no a los niveles superlativos de hoy. Llegaron al poder para corromperse, para robar, endeudar a los mexicanos por generaciones, darles un baño de sangre, reprobarnos en educación y todavía lo presumen.











