- Por definición del Ganso, migrantes son inmorales y son quienes más daño hacen al país
Miguel A. Rocha Valencia
De los cerca de 6.8 millones de mexicanos que emigraron a Estados Unidos en cinco años, se calcula que alrededor de 3.5 millones ya no volvieron, trabajan y estudian. Los factores que casa la migración de nuestro país hacia el vecino del norte la causan, de acuerdo al Consejo Nacional de Población la búsqueda de oportunidades de empleo, educación y seguridad.
Durante el bienio 2019-20, los factores predominantes fueron la búsqueda de una mejor forma de vida, no obstante que en México se impulsaron los programas clientelares lo mismo en zonas urbanas como rurales, ya sea a través de la universalidad de las pensiones para adultos o los específicos a ninis y los trabajadores del campo; muchos de ellos empujados por la cancelación de los apoyos para la comercialización e investigación agropecuaria.
También empujo a los campesinos a dejar el arado y la hoz el retiro de apoyos a programas de siembra y aunque se inició un remedo de precios de garantía, no se fomentó la producción de básicos porque no existieron los canales –destruidos por la 4T- para colocar cosechas, como los tenía previsto la comercializadora ACERCA.
Y como esa actividad primaria se torció hacia una secundaria de sustitución de árboles por cultivos, los campesinos migraron a Estados Unidos y Canadá, aun sin papeles, como “espaldas mojadas”. De hecho, el incremento de las remesas son fiel reflejo de ese aumento de migratorio ya que de 2019 a 2020, los envíos crecieron 11.4 por ciento hasta superar la barrera de los 40 mil 600 millones de dólares, tendencia que va en aumento, ya que, durante el primer trimestre de este año, se registró un ingreso de 10 mil 600 millones de dólares.
Por ello se estima que para fines de este 2021, las remesas superen los 42 mil millones de dólares, sobre todos porque a pesar de las restricciones dentro y fuera de territorio nacional y la persecución de la Guardia Nacional, la fuerza de trabajo de mexicanos sigue en busca de oportunidades allende la frontera.
Se calcula que, entre ese universo, haya alrededor de 35 mil connacionales que fueron expulsados de sus comunidades por la violencia del crimen organizado que somete amplias franjas territoriales del país, especialmente Guerrero, Michoacán, Tamaulipas, Sonora y Oaxaca. En esta última entidad, lo mismo que Chiapas, el fenómeno tiene relación, además de la búsqueda de una mejor vida, con problemas de enfrentamientos étnicos y mucha de esa migración se da hacia ciudades del interior.
Pero el tema central es que con papeles o sin papales, los migrantes se convierten en “aspiracionistas”, y de acuerdo a la definición del Tótem tabasqueño, resultan peores si acaso se les ocurre estudiar en escuelas del extranjero, seguramente no importa si son de Inglaterra, Estados Unidos, Canadá o Francia.
Mayor gravedad reviste si acaso se les ocurre aspirar y lograr cursar alguna maestría o doctorado. Mejor que si regresen a México, pues de acuerdo con el Ganso de Tepetitán, son quienes más daño hacen al país.
Tal vez los mexicanos deberíamos estudiar en las universidades patito que crea el machuchón de Palacio Nacional, como la tal Benito Juárez o la de la Ciudad de México donde pocos egresan porque les conviene más cobrar la beca porque en la calle nadie los contrata a un puesto de licenciatura pue resultan puros grillos, agitadores sociales con un nivel académico para llorar, máxime que en esas “instituciones” donde hasta maestrías y doctorados ofertan, no hay certificación de una autoridad educativa de verdad, ni menos aún hay evaluación.
Bueno, el mejor ejemplo del nivel de estudios o preparación académica que desea el Profeta de la 4T, es el de él mismo, quien con todo y reprobadas terminó el ciclo académico en Ciencias Políticas de la UNAM en 1976, y le regalaron el título 11 años después.
Adicional a eso, nada, aspiraciones académicas, cero, lo que acumuló de propiedades incluyendo las no declaradas, salieron de su activismo político, la lucha o protesta social donde impulsó su ambición política en la que fue escalando, en un proceso en el cual, si se aplica su propia definición, resulta que el Peje, es un “aspiracionista” que no se conformó con un par de zapatos, una muda de ropa, un modesto departamento.
No mandó a sus hijos a estudiar al extranjero, pero ahí se la pasan a todo lujo, sin restricciones, sin ocultarlo y sin explicar “quien pompó”.














