• Mentiras presidenciales y asesinatos superan las de otros sexenios

Miguel A. Rocha Valencia

Nadie pone en duda la personalidad y forma de gobernar del Ganso de Macuspana; no son iguales a las de otros, son peores, ni duda cabe y los resultados para los mexicanos lejos de mejorar, van mal y serán negativamente históricas al final de esta administración.

Por lo pronto y aunque el machuchón de Palacio Nacional tenga “otros datos” mentirosos, los hechos están ahí: más de 91 mil asesinatos violentos, con los cuales duplica y triplica los registrados en la “Guerra” de Felipe Calderón y la persecución del delito del ineficiente, ratero y juguetón Enrique Peña Nieto.

Frente a las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, las cuales, el manejo de datos parciales por parte de la 4T trata de distraer la atención, y en muchas ocasiones cae en mentiras, tanto que hasta el momento se le llevan contabilizadas de diciembre de 2018 a la fecha más de 56 mil declaraciones falsas, engañosas o de difícil comprobación, incluso porque su esclarecimiento es negado por la propia Presidencia que a la solicitud de información responde no tener los datos.

Eso indica según la consultora política SPIN, que el jefe del Ejecutivo pronunció hasta el 30 de junio pasado, un promedio de 88 mentiras o “imprecisiones” en cada una de las 641 conferencias mañaneras transmitidas desde su llegada oficial al poder.

Antes de eso, durante la campaña y del día de la elección a la toma de posesión, se regodeó en un 80 por ciento de mentiras y promesas que hasta hoy no se cumplen como demostrar la corrupción en el NAIM, acabar con el crimen, terminar la opacidad y malos manejos en la administración pública y, sobre todo, impulsar crecimiento anual de la economía por arriba del cuatro por ciento.

Desde luego lo de la baja en el precio del gas, gasolinas y precios en general, fin del huachicoleo y opacidad en los contratos públicos, disminución de la pobreza y otros rubros como el de la violencia son asignaciones pendientes, inacabadas por culpa de los neoliberales, los adversarios, organizaciones de la sociedad civil, clasemedieros aspiracionistas o los fifís y hasta complots internacionales.

Al hacer un balance de los “avances” de esta administración, el Mesías tropical sale perdiendo, insistimos no por su ignorancia, soberbia o incapacidad para gobernar sino por culpa de los 60 millones de mexicanos que no votamos por él y desde luego la herencia del pasado que según dijo, exterminaría junto con sus instituciones, conservadores y la mafia del poder.

Pero nada de eso es un resultado final, es un corte de caja a 31 meses de la administración del caudillo de Tepetitán en cuanto a la inseguridad donde recomienda a la gente que se no arme, no se defienda, es decir que se pongan flojitos y cooperando con la delincuencia cuyo crecimiento es notorio “gracias” a la cómplice política de abrazos, no balazos.

Por eso, falta que se sigan acumulando cifras especialmente necrológicas como las de la pandemia que crecen de manera exponencial, lo mismo en contagios donde ya se volvió a niveles cercanos a los 15 mil, en tanto que los muertos “oficiales” por Covid-19, superan los 350 diarios a los cuáles se suman los fallecimientos por cáncer, enfermedades crónico degenerativas para las cuales no hay medicamentos, aunque como dijo el machuchón, se acabaron los negociotes, pero a qué precio.

En cuanto a los asesinatos, si la tendencia no cambia, el Profeta de la 4T cerrará los seis años constitucionales con cerca de 200 mil asesinatos que sumados a los de la pandemia, revelará que, bajo su administración, México se convirtió en un camposanto.

La cifra de crímenes registrada en la 4T es la más alta para los primeros 31 meses de una administración federal; en los mismos periodos de Felipe Calderón hubo 32 mil 587 víctimas de asesinato y con Enrique Peña 55 mil 103 víctimas.

Respecto a las mentiras, verdades a medias o datos sin poder comprobar tendremos un acumulado superior a las 100 mil, incluyendo los “desmentidos” a información de medios y que no son sino revelación de datos ocultos por la misma administración. Bueno, de opacidad, ya nadamos en el 70 por ciento, especialmente en el otorgamiento de contratos de gobierno a particulares.

La Ley no se consulta, se aplica.

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