• Al interior de Morena siguen los codazos mediáticos, pero ¿Serán ciertos?

Miguel A. Rocha Valencia

A veces olvidamos que Mario Delgado, jefe designado de la banda denominada Morena, es muy cercano a Marcelo Ebrard, los unen lazos de “lealtad” y complicidades que tal vez algún día conoceremos. Lo cierto es que el ex jefe de Gobierno trata de conducirse lo mejor posible, no abre fuego abierto contra instituciones y tampoco violenta le Ley. Pareciera que trabaja en estructuras.

Y mientras la corcholata consentida del ganso Claudia Sheinbaum Pardo si viola la ley, acusa a las instituciones y asume el discurso completo de su patrón casi textualmente incluyendo la actitud soberbia y retadora, Ricardo Monreal Ávila se apega al derecho y defiende instituciones, las aspiraciones de clasemedieros, mantiene diálogo con empresarios y se define como convencido de que lejos del discurso de odio, debe convocarse a una reconciliación nacional, para lo cual ya presentó un plan. 

Los contrastes son muy simples, una, abandonó hasta su personalidad para mimetizarse totalmente con el mesías, incluyendo el discurso para congraciarse, y como bien dice en su intención de aprovechar que va a la cabeza, no se mide, realiza actos anticipados de campaña y es notorio el uso de recursos públicos en ello, tan anticipada que la hace ilegal.

En tanto Monreal y Ebrard, carentes del multimillonario presupuesto de la CDMX, lo cual es ya un hándicap, se mantienen con observación de la ley, aunque en ocasiones y para congraciarse, el capitalino de repente sale con posiciones amlistas.

El caso es que se mantienen en la pelea a pesar de la desventaja que significa no ser los favoritos, especialmente el zacatecano quien además teje estructuras y relaciones con diversos grupos empresariales, de la sociedad civil y dentro del propio Morena donde más de un legislador está listo para seguirlo cuando decida lanzar su candidatura. El mismo Miguel Ángel Mancera del PRD ya le otorgó su respaldo y no se dude que llegado el caso, los de Movimiento Ciudadano habrán de seguirlo.

Para colmo, si el ganso impone sus reformas a leyes secundarias y continúa estrangulando a los órganos electorales, va a golpear a sus cómplices de otros partidos rémoras que le siguen como el PT y el Verde y como siempre, buscarán acomodo con quienes mejor les proteja sus intereses.

Marcelo Ebrard con todo y que tomó protesta a 10 mil seguidores que le cuidarán los 300 distritos electorales cuando venga la encuesta para seleccionar al candidato de Morena, no tiene un diálogo con políticos de su movimiento y al parecer tampoco con los de otros partidos y al final, dicen, aceptará lo que les diga el tlatoani, salvo que, como se sospecha, se sume al presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado.

Tal vez por eso salgan rumores en torno a las reales intenciones del exgobernador de Zacatecas y se diga que estaría conforme con que le dieran el gobierno de la Ciudad de México a cambio de no provocar la escisión dentro de Morena.

Algunos lo dan por hecho recordando que, en la anterior elección, el mismo Monreal Ávila reconoció el “triunfo” de Claudia Sheinbaum y le cedió sin pleitos la candidatura a la CDMX.

Esas versiones ya fueron desmentidas por el mismo interesado, quien afirma que estará en la boleta morenista para sacar candidato a la presidencia. ¿Y si “pierde” otra vez?

El tema está para verse con cuidado, porque de ser como dicen, muchos se quedarían colgando de la brocha, se sentirían traicionados y es por ello que la pregunta. De ser así, las supuestas grietas que algunos observan en Morena son relativas y que al final terminarán repartiéndose el pastel del poder. Le creemos a Monreal no sólo por lo que dice sino por sus hechos. Veremos.