- ¿Hasta dónde van a soportar la podredumbre en palacio Nacional?
Miguel A. Rocha Valencia
A estas alturas resulta increíble que en palacio Nacional se exijan pruebas y denuncias ante la evidencia de delitos de todo tipo cometidos por altos mandos de la marina, funcionarios y legisladores de la 4T, donde existen testimonios grabados y escritos como reportes oficiales, muchos de ellos consignados en carpetas de investigación.
Nunca como hoy, existió tanto bombardeo de información de la podredumbre que se incubó en la 4T y que fuera dada a conocer por los mismos actores que participaron de ella al cobijo de la impunidad del gobierno federal, donde la impunidad es tal que llega al cinismo extremo y supera la mínima lógica legal.
Y es que en los principales casos de corrupción que van desde el insaciable amor por el dinero y abuso del poder por parte de la ex familia presidencial de los López, sus compadres y cómplices, hasta los altos mandos de la Marina y las ligazones de Adán Augusto con los criminales, el gobierno no muestra siquiera interés en investigarlo exigiendo denuncias, aunque se trata de delitos en flagrancia o que se persiguen de oficio por los códigos penales y de procedimientos federal y estatales.
Se involucran redes de corrupción y criminales evidentes, denunciadas por los mismos cuatroteros y ni así se anuncia en palacio Nacional una purga interna para esclarecer los hechos, encarcelar o al menos sancionar a los responsables, pero a cambio, se encierra a un exgobernador priista por posible peculado de miserables cinco millones de pesos que frente a los cientos de miles de millones que están en la trama criminal de la 4T, son nada.
Aquí, ya no se trata solo de casos que involucran cientos de miles de muertos por negligencia ni siquiera los 200 mil ejecutados en menos de seis años, sino de crímenes entre miembros de las propias redes de corrupción donde quien intenta salir o denunciar, son silenciados, como el caso del almirante Fernando Guerrero quien junto con dos capitanes denunció la trama de huachicol por más de 600 mil millones de pesos y por eso fueron asesinados, lo mismo que el “Rey” Sergio Carmona quien intentó exponer la trama ante el FBI y la DEA de Estados Unidos.
Por ello resulta penoso que la secretaria anticorrupción Raquel Buenrostro deba tragar saliva, hacer malabares verbales y no atinar a justificar por qué no se investigan todos los hechos denunciados y ocurridos durante la gestión de su exjefe, colocándola en el peno papelazo de “tragar camote” y solicitando denuncias que ella misma debía iniciar.
Porque todo tiene nombre y apellido, no lo dice la oposición ni son datos derivados de la intromisión de las agencias de seguridad estadunidenses sino de los propios actores, los propios involucrados que en libros, documentos, declaraciones y grabaciones se “clavan” y responsabilizan de la organización criminal en que se convirtió la “esperanza de México”.
Y como diría propio dueño del proyecto, ni modo que no supiera lo que estaba sucediendo a su alrededor; ni modo que Rafael Ojeda no le informara en lo que se convirtieron las aduanas donde se dio el caso que, a pesar de entrar más mercancías, ingresaban menos impuestos al fisco, más allá de ser el coladero del huachicol con hidrocarburos y fiscal.
Están las grabaciones, los escritos, los reportes y los libros, hasta las actas de defunción de los ejecutados que a manera de denuncias han hecho hasta los muertos o los vivos como Julio Scherer Ibarra.
Y con todo ello, salen conque ¿Y dónde están las denuncias? En un gobierno donde la cabeza debe estar enterada de todo, ya sea por jerarquía o por lo menos porque los asuntos son públicos.
Resulta más absurdo que se pida lo que se pide para investigar, enjuiciar y castigar a los culpables como si se pudiera alegar incapacidad o ignorancia de los hechos o decir que no se leyó un libro que más allá de las loas al mesías y acto de constricción, resulta una evidencia, prueba contundente de las corrupciones, irresponsabilidades, ineficiencias y pecados capitales de un régimen donde todos son culpables, pero no se juzgan porque la final, todos son cómplices. Ahí están los hechos, la 4T ya está juzgada, habrá qué ver hasta dónde la actual administración aguantará a cargar y tratar de ignorar las culpas de otros y con los cuáles se hará cómplice si no actúa.












