• Acusa el ganso a jueces de corruptos y se dice puro en medio de su pudrición sexenal

Miguel A. Rocha Valencia

Más allá de si hay un fondo de verdad que desde luego tendría que probar, el ganso arremetió contra el Poder Judicial y en juicio sumarísimo, ese que llama a no aplicar a sus leales, acusó de corruptos a la mayor parte de jueces, magistrados y alguno que otro ministro. Ante ello, el presidente de la Suprema Corte de Justicia y titular de la Judicatura Federal, Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, simplemente agachó la cabeza y se quedó callado.

Doblegado y servil al peje, Lelo de Larrea, cabeza del Poder Judicial no fue para alzar la voz y como contra la señora Isabel Miranda, exigir pruebas de su dicho y amenazar con a su vez, presentar una denuncia contra el titular del Ejecutivo por imputaciones públicas, sin comprobar. En este caso no tuvo los arrestos para protestar.

Dijo el machuchón de Palacio que “la mayoría de los integrantes de la judicatura no son gente caracterizada por la honestidad no resisten cañonazos, no resisten las tentaciones o son representantes de grupos de intereses creados, no representan al pueblo, desprecian al pueblo. Es como una vida artificial donde el pueblo no cuenta… abogados, relaciones públicas, todo arriba”.

Y todo, para presionar a los magistrados del máximo tribunal para que no eliminen –como está hoy- la prisión preventiva, esa que por sólo dichos y sospechas se detiene no a criminales, sino que se usa más para perseguir a críticos del régimen o ejecutar venganzas de quienes están en el poder, como ocurrió con Rosario Robles a quien luego de tres años de prisión, no se le comprueban las acusaciones de la estafa maestra.

Pero a cambio a pesar de las pruebas y las evidencias en contratos y en materia, a Ignacio Ovalle Fernández no lo tocan por el gran fraude en Segalmex que ya supera los 11 mil millones de pesos y cuya responsabilidad fue fincada por la Auditoría Superior de la Federación.

Para el ganso los únicos decentes en la SCJN son sus lacayos, especialmente Arturo Zaldívar y Yasmín Esquivel Mossa, esposa del constructor y asesor favorito del caudillo de Tepetitán, José María Rioboó y quien otorgó suspensión para que no se entregue el expediente de Pío López Obrador al INE, por aquello de los dineros recaudados clandestinamente para la “causa”.

Pero fuera de ellos y otra “consentida”, todos los demás son corruptos incluyendo los litigantes. Aunque a cambio se atreve a decir que él y los suyos “no somos iguales”, en mi administración “no hay corrupción, aunque ésta aflora casi todos los días; lo más reciente el patrimonio de la secretaria de Energía, Rocío Nahle que de diputada aspiracionista, de repente se convirtió en millonaria y hoy, conforme a su propia declaración, cuenta con un patrimonio cinco veces mayor al que manifestó al principio de esta administración.

Habría qué checar cómo crecieron las fortunas de los compadres de la secretaria, sobre todo los radicados en Coatzacoalcos gracias a los contratos otorgados en la refinería de Dos Bocas, cuyo incremento en el costo no es de dos mil millones como dice en profeta cuatrotero, sino de dos veces más de lo que se planeó al principio porque ya paso de los 160 mil millones de pesos a poco más de 320 mil pesos, es decir de ocho mil millones a 16 mil millones de dólares. Y lo que falta.

Pero ahí no hay corrupción como tampoco en las obras del AIFA, donde la propia Auditoría Superior de la Federación y la Secretaría de la Función Pública, registraron más de 100 contratos directos a “empresas” inexistentes o sin capacidad para proveer suministros o servicios para un aeropuerto.

Tampoco hay corrupción cuando el mismo mesías reconoce que recibía aportaciones de origen desconocido para sostener “su movimiento” ni siquiera por el escándalo que se armó en el banco donde le depositaban. Menos la hay cuando sus hijos se vuelven ricos y disfrutan las mieles del neoliberalismo y se asumen como aspiracionistas gracias al poder de su papá.

Del Tren Maya, ni hablar de sobre costos, igual que la refinería, se iniciaron a “precio alzado”, sin planeación ni proyecto ejecutivo, sin inversión privada y a costa del dinero de la banca oficial. De ahí deriva la nueva casta de militares intocables y enriquecidos por contratos de obra y concesiones otorgadas, donde desde luego, no hay corrupción.

A cambio de eso, la persecución encarnizada contra los periodistas y los medios críticos se acentúa; surgen como “investigaciones especiales” los latrocinios de administraciones anteriores para encubrir los de la presente en un afán de una vez más, echarle culpa al pasado, olvidándose que quien hoy manda es otro y sólo muestra su incapacidad para construir y su gran “talento” destructor, vengativo y perverso. Y si no hay argumentos para justificar tantos yerros se recurre al recurso de “politiquería” como califica ante los reclamos de mujeres víctimas de violencia, personas con cáncer, críticos y desde luego parientes de los más de 35 mil desaparecidos en estos cuatro años. De los muertos ni hablar, se deben apuntar a la cuenta del ganso 135 mil homicidios dolosos y más del doble por la negligencia criminal y “sus ahorros”.