• Se profundiza crisis económico-financiera. La desconfianza en 4T determinante

Miguel A. Rocha Valencia

Aunque los datos en torno al empleo formal mejoraron, los indicadores económicos continúan desalentados a partir de que la inversión no crece y el financiamiento al sector privado por parte de la banca oficial y particular, va a la baja, lo cual pone en tela de duda la posibilidad de un crecimiento por arriba del 1.8 para este año y que, por el contrario, podría ser menor.

Y es que de acuerdo con la encuesta del Inegi los empleos formales aumentaron en más de un millón de plazas acumuladas a las cuales sin duda habrán de restarse las 560 mil perdidas y reportadas en mayo, así como el hecho de que casi siete millones de mexicanos rechazaron un puesto fijo por los bajos salarios que se ofrecen.

En este último sentido, el número de pobres “laborales” se incrementó en 26 entidades de la República de acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, (CONEVAL) en tanto que los niveles de informalidad se mantienen muy altos especialmente en entidades del Sur, donde alcanza hasta el 80 por ciento.

Es decir que, no obstante que se generan empleos, no alcanzan los niveles salariales prepandemia, que junto con la inflación provoca que a cada vez más mexicanos no tengan lo suficiente para adquirir la canasta básica, de ahí que de acuerdo con el Coneval, a julio había en México 49.7 millones con ingresos inferiores al costo del paquete básico alimentario.

Curiosamente la Ciudad de México presentó un repunte de 6.8 puntos porcentuales y pasó del 29.1 por ciento de su población en pobreza laboral en 2020, al 35.9 por ciento en el primer trimestre del 2022.

Y es que a pesar de lo que diga el ganso, el desempeño de la economía mexicana va en retroceso. De hecho, no hay obra grande donde participe la iniciativa privada con inversión, trabajan con dinero de presupuesto como en el Tren Maya, pero existen muchos miles de millones de pesos en la banca pública que nadie pide.

Respecto a ese financiamiento, se cayó 12.5 por ciento en el primer trimestre de 2022 respecto a la que había en el 2020, ya que de los seis mil 210.5 millones de pesos ejercidos hace dos años, hoy se reportan cinco mil 456.5 millones de pesos. Esto es que, si la economía estuviera en expansión, la demanda de crédito sería mayor.

Y lo peor es que sectorialmente esa caída en el financiamiento de las bancas privada y de desarrollo, muestra que no hay inversión, donde los sectores más afectados por la contracción son el consumo, vivienda y empresas, quienes muestran bajas sustantivas.

De acuerdo con los expertos no hay nuevas compañías enlistándose o dándose de alta en el SAT, en tanto que, en la Bolsa Mexicana de Valores, donde desde 2018 a la fecha, se dieron de baja ocho grupos empresariales. Están en fila para hacer otros 12. Este hecho tiene al mercado bursátil preocupado.

Concretamente, Jacobo Rodríguez, director de Análisis Financiero de Black Wall Capital planteó como “preocupante” todo este “fenómeno de deslistes de la bolsa. Hace tres años cuando vimos los primeros, pensábamos que era algo aislado, por cuestiones específicas de las empresas, pero ahora si nos preocupa porque se están anunciando más”.

Sobre el particular los especialistas de Banamex y los consultados por Banxico apuntan que este fenómeno financiero se deriva del “desempeño de la economía mexicana que desalienta la inversión de las empresas sobre todo extranjeras”, y en México un gran porcentaje del sector bursátil dependen de los capitales y empresas foráneos.

Esto hace según Jacobo Rodríguez que el país no tenga un atractivo económico, no se le vea como destino interesante de inversiones y eso hace que algunos extranjeros elijan no estar en México e “incluso sacar sus recursos y eso ha provocado una menor cantidad de participantes”. En ello coincide Marías O’Farrell jefe de Inversiones Alternativas de Columbus Zuma Investment Banking.

Así están las cosas y eso que aún no se define la posición del profeta cuatrotero en torno al T-MEX, lo cual podría ser la puntilla para una fuga de capitales y la quiebra del país con una devaluación de proporciones de pronóstico reservado. ¡Aguas!