• Presupuesto para derroche, desperdicio “inversiones geniales” y proyectos sin futuro

Miguel A. Rocha Valencia

Nadie en México se opone a que se ayude a los pobres, pero no sólo para comer un día, sino para superar su condición económica, educativa a través del trabajo, estudio y esfuerzo; en el deseo de salir donde se encuentran. Pero no estaremos de acuerdo en que se intente perversamente, como política pública, mantenerlos en la miseria para ser usados de carne de cañón electoral y para sostener un sistema autoritario en el poder.

Para eso para superar los niveles de pobreza, un país, su gobierno debe idear y aplicar políticas públicas eficientes, planeadas a corto y mediano plazos para lograr objetivos de superación en la población y no imponer programas asistencialistas paternalistas que no solucionan los problemas de fondo sino por el contrario, los alimentan, los mantienen y en vez de superar pobreza, la socializan, le quitan al que tiene para repartir y cuando eso se acaba, ya todos serán miserables.

De ahí que la discrecionalidad con que el Ganso de Macuspana maneja el presupuesto, autorizado por su mayoría en el Congreso, violando la Constituciones o ajustando leyes secundarias a capricho, trae paliativos para unos a condición de generar daños estructurales en la economía, en los procesos productivos y provoca finalmente un empobrecimiento que inicia con la pauperización del salario, la migración en busca de oportunidades, huida de inversión y el deterioro en los niveles de vida.

En suma, se cae el Producto Interno Bruto general por la falta de generación de riqueza, eso le pega al individual y es cuando nos dicen desde el púlpito de Palacio Nacional que debemos vivir en la pobreza franciscana pues no necesitamos más para ser felices. Pobres, pero contentos.

Por eso no extraña que el Mesías de la felicidad, tome el dinero destinado a aliviar desgracias naturales para comprar con todo y una deuda de casi mil millones de dólares una refinería, 10 veces más barata que Dos Bocas y que deje sin presupuesto a un programa nacional de emergencias.

Ese sujeto que se rasgaba las vestiduras por las partidas secretas de los presidentes de “antes”, hoy tiene a su disposición y discrecionalidad un billón 700 mil millones de pesos a costa de fideicomisos como cultura, investigación científica, becarios internacionales, apoyos a instituciones de servicio, medio ambiente, seguridad pública, desarrollo de municipios, ayuda a productores agropecuarios y muchos más.

Ordeña a las instituciones públicas a las que deja sin papel de baño y obviamente con criminales recortes de personal para alimentar sus mesiánicos proyectos de obras que ni a los suyos convence porque uno, va a destiempo con el consumo de energía; otro, nos hace caer en calificación aeronáutica y uno más agrede a la mayor reserva ecológica de México y su cultura. En los tres casos, la viabilidad y utilidad real, está cuestionada, además de propiciar gastos excesivos, precisamente en tiempos de pandemia donde se regatea compra de medicamentos, pero no para refinerías que pronto quedarán en desuso y que, como Pemex, reportan pérdidas millonarias.

La misma discrecionalidad hace que los mexicanos pierdan miles de millones de pesos todos los días. Lo del aeropuerto ya se disparó a cifras incalculables, no se trata solo de contratos cancelados, sino de inversiones, confianza en el país, la pérdida de calificaciones, de flujos de mercancías y viajeros, hoteles, tiendas y todo lo que conlleva el turismo de altura.

Sólo esperamos que la compra de la Deer Park, no sea otro desastre como lo es Dos Bocas y el fallido rescate a Pemex y su endeudamiento por billón y medio de pesos y sus pérdidas por ya casi 700 mil millones, donde no se incluye el “perdón” de otros 70 mil millones por concepto de impuestos, ni el dinero presupuestal que se le canaliza.

Pero de poco servirá; dice el Ganso de Macuspana que se alimentarán las refinerías con petróleo mexicano, pero los problemas son varios: uno, se produce un millón de barriles menos que los 2.8 millones proyectados al día. La no venta al exterior de crudo, la caída en la demanda y precio, disminuye drásticamente los ingresos y al final, con ocho refinerías se tendrá que prorratear el crudo generado, sector en el cual ya no hay inversiones y el consumo de hidrocarburos irá a la baja. Ojalá, aunque sea, se recupere la “inversión”.

Frente a todo ello y la realidad es que ya tenemos más de 221 mil muertos por Covid-19, la incorporación de diez millones de mexicanos más a la pobreza laboral para llegar a 54 millones, ya que no obstante la recuperación de plazas, son peor pagadas. Pero, además, sólo tres de 10 mujeres recuperan su empleo.

A pesar de esas señales ominosas en el empleo que es donde se finca una real recuperación económica, al caudillo de Tepetitán no parece importarle; más de un millón de MiPymes ya no reabrirán y los daños al sector turístico, se harán cada vez mayores no sólo por la baja en calificación de seguridad aérea, sino en general del país donde la violencia campea y la impunidad de criminales se vuelve costumbre incluso para aspirantes a cargos públicos.

Llamó el profeta a votar sin miedo, pero no adopta medidas de protección para candidatos que, a pesar de las denuncias, amenazas y agresiones, se topan con la cómplice pasividad de la autoridad, especialmente federal. Y ¿La Guardia Nacional? Bien gracias igual que la policía ministerial federal.

Un voto por Morena es un voto contra México.