• El ganso recurrirá a todo, incluyendo la fuerza para instalar su régimen autoritario

Miguel A. Rocha Valencia

Está claro que para el ganso de Macuspana la consulta de Revocación de Mandato es crucial pues determinará si está en posibilidades reales de aplicar la trampa de transexenal (legal) o deberá recurrir a algún otro instrumento que le permita implantar, sobre la Constitución su proyecto autoritario de país bananero.

Por ello, a sabiendas de que él, los integrantes de su gabinete y demás vasallos violan la Ley, ordenó al propio secretario de Gobernación, Adán Augusto López, violentar toda norma posible para que él, si excusarse del cargo y utilizando recursos públicos, se dedicara en persona a promover la farsa del próximo día 10.

Al menos algunos diputados, senadores y funcionarios tuvieron la gentileza de solicitar permiso, pedir licencia de sus cargos para irse a la “cargada”.

Con todo ello, y esto es lo que atemoriza es que ya es una violación descarada a la norma desde lo más alto de la estructura de gobierno y si ni así prospera, entonces esperemos lo peor, pues si la consulta no llega a niveles vinculantes el machuchón de Palacio tomará un derrotero donde ya nada le importará, ni siquiera confrontar a los mexicanos.

Y es que a estas alturas, nadie duda que para alcanzar sus fines recurrirá a todo el poder del gobierno, incluyendo la fuerza para lograr sus propósitos, esos que intuimos pero que no nos atrevemos a expresar abiertamente, aunque en el fondo se reduce a un régimen autoritario, con una figura central, de ser posible él, ad perpetuam.

Todo lo indica así, si no, para qué propiciar, por el mismo presidente en plenitud de poder una reforma para la supuesta Revocación de Mandato que nadie pidió, sólo él y su partido.

Por eso le urge al profeta cuatrotero promocionar “su” consulta y contar con 37 millones de los 92 millones de mexicanos que integramos el padrón del INE: el 40 por ciento, ya se a favor o en contra para hacerla “vinculante” y se establezca incluso como recurso electoral, de preferencia sin árbitro o que éste sea elegido por el caudillo. El aplauso momentáneo, si lo logra, será secundario.

Nadie en México ni sus peores adversarios o más resistentes opositores lo hicieron. Ni los medios, periodistas u organizaciones sociales perseguidos y ofendidos por el ganso mañanero pidieron su destitución y aunque algunos quisiéramos que así fuera, esperamos pacientes y resignados a que termine este sexenio de pesadilla incluso para los más pobres y se vaya.

No nos importará que incumpliera sus promesas de campaña, donde los números “hablan” por sí solos. La corrupción en vez de castigarse se fomenta y se protege desde el gobierno que anunció que acabaría con ella. Los ejemplos son claros y se denuncian con pruebas, incluyendo los abusos y arbitrariedades legales para quienes no se someten al caudillo.

Lo peor es que las Fuerzas Armadas le entraron abiertamente “al baile” y se despachan con las concesiones y negocios otorgados por el mesías tropical donde abusan por eso reparten contratos fraudulentos a costa del presupuesto en la realización de obra pública o propician el incremento del contrabando en las aduanas que les dieron.

Están las masacres, la violencia, el crimen que ofreció terminar, pero hoy autorizado incluso con la “oficialización” del mismo a través de la no acción contra quienes imponen su ley con las armas y los asesinatos, desalojan y someten comunidades, autoridades y manifiestan una clara impunidad incluso incrustados entre los altos mandos castrenses.

De la entelequia de que primeros los pobres. Si a repartir dinero gratis le llaman así, entonces que no se queje la economía ni mucho menos el Inegi que nos reporta que el 60 por ciento de la población (y eso lo certifica la OCDE), está en la informalidad y por lo tanto, lejos de un servicio de salud institucional; el número de desposeídos o que no alcanzan con su salario a adquirir la canasta básica, creció en 15 millones de tal suerte que los pobres alimentarios que si bien disminuyó 0.9 por ciento por el aumento salarial, volvió a subir a causa de la inflación que “borró” el incremento del minisalario de 92.69 a 118.78 pesos.

Es más, la tendencia es que aumente la pobreza en la medida de la permanencia de la inflación arriba del siete por ciento y la informalidad donde están más de 34.2 millones de los 57 millones de mexicanos que integramos la Población Económicamente Activa (PEA).

Todo porque la economía está devastada y estará peor si persiste en la necedad de su reforma eléctrica, si insiste en ahuyentar la inversión privada nacional y extranjera, si mantiene un gasto a fondo perdido con la compra de simpatías a costa del presupuesto.

Al final si lo logra, si no nos resignamos, habrá confrontación, pero si nos sometemos nos tendremos que acostumbrar a “vivir de rodillas”. No Votes en la Revocación de Mandato