• Urge al ganso distraer la atención ante avalancha de malas noticias para él. Sigue en picada

Miguel A. Rocha Valencia

Como no puede explicar la riqueza de su hijo mayor, el mesías cuatrotero reta a los denunciantes a mostrar las suyas, olvidando que José Ramón López Beltrán no revela de qué ha vivido toda su vida donde lo de menos son sus tenis de 800 dólares, el jeep Cherokee con que impactó la patrulla 96066 de la PBI en el cruce de Universidad y Coyoacán el 14 de mayo de 2001, ni siquiera los lujos en Emiratos Árabes, sino de dónde obtiene ingresos para dar el “gasto”.

O aceptará que es un mantenido como dice el ganso, y que a sus más de 40 años no tiene oficio conocido, salvo su licenciatura en derecho en la fifí universidad de las Américas, donde curiosamente tiene metidas las manos el fiscal Alejandro Gertz Manero, o a la mejor vive de lo que le toque de la finca cacaotera y sus productos que le regaló su papá, quien afirma es una herencia, porque él tampoco aclara quien “pompó” sus lustros de campaña.

Y como el asunto sigue siendo tema cuya caja de resonancia es la propia mañanera, el machuchón de Palacio Nacional está urgido de desviar la atención pidiendo al periodista que diga cuánto gana y explique sus bienes como la casa de las Lomas, cerca de donde vive la ex ministra Olga Sánchez Cordero o el actual titular de la UIF el vividor de la política Pablo Gómez, así como un nutrido grupo de izquierdosos, incluyendo “troskos”.

La diferencia es que el periodista que sacó a la luz un escándalo que por cierto ya se conocía, es que éste ha trabajado, se sabe dónde, y paga sus impuestos. Del hijo presidencial, no sabemos ¡Nada! En todo caso, algún registro habrá en el SAT.

Pero no sólo el tema familiar debe tener preocupado y enojado al profeta de la 4T, tiene encima las declaraciones del embajador de EU, Ken Salazar en torno a la reforma energética, la visita John Kerry, enviado especial del presidente Joe Biden para el clima, la contradicción de la secretaria de Economía Tatiana Clouthier Carrillo quien acepta que México no crecerá más allá del 2.5 por ciento.

También están el pleito con Panamá, la debacle económica, sanitaria y seguridad con el aumento de muertos; la renegociación o recompra de más de 800 millones de euros en deuda a ocho años; la falta de inversión, el retiro de dinero extranjero en documentos de gobierno, la caída del PIB, la mayor inflación de los últimos 21 años que en enero se reporta en 7.07 por ciento, el incremento en el número de pobres y miserables alimentarios o la imposibilidad de al menos recuperar los empleos perdidos durante los primeros tres años de esta administración y que en 2022 no pasarán de 450 mil formales, con lo cual la subocupación también se agrandará.

“Nada me sale” diría el presidente, pero frente a ello, en vez de enmendar caminos y políticas, el caudillo de Tepetitán escoge la agresión y la búsqueda de escándalos para desviar la atención. Busca un nuevo pleito con medios y periodistas a quienes acusa de complotar contra su mal gobierno, sugiere “pausar” las relaciones con España e insisten en enviar a Panamá a una persona que de diplomacia sabe lo que el ganso de sentido común.

Empero, lo peor que debe tener enojado al profeta no es su fallida y cómplice inacción contra el crimen organizado, ni siquiera las críticas a su “corcholata” Claudia Sheinbaum por el uso no recomendado de ivermectina contra el Covid-19, sino el desgaste a su discurso anticorrupción y su prédica sobre la austeridad de un sólo par de zapatos y la no aspiración a cosas materiales.

Los hechos desdicen todos los días su evangelio: primero porque vive en un palacio cuyo mantenimiento cuesta seis millones de pesos mensuales que no salen de su salario “oficial” de 108 mil pesos más prestaciones. Su atención médica es permanente y los medicamentos no le cuestan como tampoco paga la ropa de él, su esposa e hijo dependiente.

Ahora se suma su hijo Ramón y habría qué apuntar a los demás, quienes seguramente presentan sus declaraciones y pagan impuestos al SAT de lo que ganan en sus trabajos y negocios, lo mismo que sus hermanos recaudadores de dinero de ¿dudosa? Procedencia.

Y ahí ya se entrelaza la corrupción y lo ilícito con la de sus colaboradores a quienes desde las mañaneras exonera de toda culpa porque lo que hagan, es por la causa, incluso enriquecerse, hacer negocios desde el poder con el presupuesto público y al igual que “ramoncito” mostrar fortunas inexplicables.

Todo eso ya se nota y muestra un ganso salpicado del mismo lodo que corrompió a los de antes: poder y dinero…