· Hechos y declaraciones señalan al ganso como un delincuente confeso
Miguel A. Rocha Valencia
México está gobernado por un grupo de criminales que más allá de actos de corrupción, son confesos de violentar la Constitución y sus leyes secundarias: La lista es larga no sólo en la entrega de más de 78 mil millones en contratos directos de obra y prestación de servicios a familiares amigos y compadres sino también en el encubrimiento de robos como los 15 mil millones de pesos en Segalmex de Ignacio Ovalle, incluyendo mil millones que se jugaron en la bolsa.
Pero más allá de estos hechos que son los más escandalosos y superan de golpe la estafa maestra y otras “lindezas” de la administración de Enrique Peña Nieto incluyendo Agronitrogenados, está el reconocimiento público de un ganso que se negó a ser presidente de la República para alzarse como jefe de una pandilla donde la corrupción, la traición y el engaño contradice toda su “doctrina”.
El mismo caudillo reconoce cínicamente que recibió durante “muchos años” dinero que le depositaban en una cuenta de Banorte y antes en otra de una institución que fue intervenida internacionalmente por manejar dinero del crimen organizado. Las pruebas grabadas de sus hermanos Pío y Martín recibiendo sobres con dinero, son prueba fehaciente de ese financiamiento que no niega y a la luz de la legalidad, es un crimen.
Además, si el SAT se aplicara encontraría que falta mucho por declarar por parte del jefe de la banda pues habla de regalías, libros y demás que no manifiesta como tampoco el resumen de sus cuentas bancarias donde no se explican gastos porque simplemente no los realiza. Ni hablar la de su consorte ni muchos menos las declaraciones de sus productivos hijos que hoy son millonarios.
Obvio una investigación sacaría también los prestanombres que dan cobijo a propiedades, inversiones o supuestas empresas que los López los hace unos millonarios que no se disfrazan, viven como tales y no lo ocultan, lo presumen.
Pero más allá del ámbito familiar donde las evidencias de corrupción están documentadas, están otros hechos como la cómplice política de seguridad otorga derechos a los criminales, aunque estos ya lleven más de 162 mil asesinatos y tengan desaparecidos a cerca de 45 mil personas, de las cuales 17 mil son menores de edad.
Ni hablar de la entrega pasiva de territorios y comunidades que hoy están esclavizadas por el terror de los delincuentes que participan directamente en las elecciones y reciben el reconocimiento presidencial por “portarse bien”. Impusieron gobiernos en la costa del Pacífico donde los cárteles encuentran la vía libre para la exportación de drogas (incluyendo fentanilo) y personas. A cualquier intento de la “autoridad” por imponer orden, la respuesta delincuencias se torna violenta como ocurre en Guerrero, Jalisco, Sonora o Baja California.
Lo más reciente, unos descuartizados y la amenaza a varios generales de allá, del norte.
De la corrupción que se volvió institucional, ni hablar, toda está protegida. NO hay un solo sujeto del cártel de la 4T que esté en la cárcel ni siquiera los responsables de muertes como en el Metro, o el Instituto de Migración. La lista de sus fechorías es cada vez más larga, desde fraudes con equipos y su encarecimiento como con los Barttlet, del mismo Conacyt, contratos directos a empresas fantasma o incapaces de cumplir los pedidos y que están observados tanto por la Auditoría Superior como registrados en la secretaría de la Función Pública hasta los delitos electorales a los que convoca la misma chachalaca macuspanense desde su púlpito.
Porque es él quien arenga a gobernadores y corcholatas a violentarla ley no solo con acciones propias sino incluso para golpear a los de enfrente. De ahí surge la instrucción abierta para hacer “lo que se tenga que hacer” para ganar elecciones. De ahí salen los programas asistenciales plagados de corrupción y que tienen como misión mantener la holgazanería y pobreza, caldo de cultivo de la cuarta transformación.
Los reconocimientos de culpabilidad están grabados. Se dan casi todos los días al mismo tiempo que las más de 100 mil mentiras pronunciadas por el peje.La pregunta es si ante tanta evidencia habrá quien se atreva en el futuro desde luego, a enjuiciarlo, ya no por todo el daño hecho a México sino “simplemente” por los delitos que están a la vista y que él mismo confiesa, mejor dicho, presume.












