• Dice el Ganso que acabó el saqueo, pero en la 4T es la práctica

Miguel A. Rocha Valencia

De los borregos de la Oficialía de Partes de Palacio Nacional en que está convertido el Congreso federal, nos ocuparemos el fin de semana, esta vez, ligado al tema tocaremos la corrupción de la 4T donde lo robado hasta hoy, deja como niños inocentes a los de “antes”. Es decir que el plumaje del ganso no sólo se manchó sino que da asco.

Es decir los de la Cuarta y su profeta salieron más rateros, ineptos y vulgares que los de Peña Nieto y antecesores. Sólo de entrada, pese a existir observaciones por 200 mil millones de pesos por la opacidad en programas sociales y dependencias federales, los borregos de San Lázaro (no juegan fútbol) pero son el equipo de Morena, aprobaron la cuenta pública 2019.

Más allá de que firmaran tal cual recibieron el paquete fiscal de su tlatoani, morenos y aliados se convirtieron en cómplices beeee…. beeee del pastor al que profesan obediencia ciega.

Comparados esos desvíos y observaciones, la acusación contra Rosario Robles es un simple robo de dulces y ni qué decir del supuesto reparto de sobornos de Lozoya, miserables seis millones de dólares o los cuatro millones que se afirma acumuló en “embutes” su sucesor en Pemex.

El “entre” en la Cuarta, se volvió práctica cotidiana, cínica y abierta pues la supuesta reparación del daño implica perdonar delitos como homicidio culposo como ocurre en la Línea 12 del Metro con Carlos Slim o fraudes como el de AHMSA y agronitrogenados.

Pero incluso quienes se rinden ante el todopoderoso machuchón tabasqueño y “cooperan” reciben atención especial y hasta cargo público. Para no ir más lejos, Manuel Bartlett quien incluso se da el lujo de abrir las puertas a negocios turbios de su hijo o de su no concubina.

Hasta de sus cuates como el ex director de Desarrollo Ferroviario y Multimodal de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes en la administración peñista, el “honrado” Guillermo Nevárez Elizondo, ese que durante años prometió terminar el Tren México-Toluca, y lo convirtió en resumidero de miles de millones de pesos que afirman, repartió para conseguir un cargo en la Comisión Federal de Electricidad, en el cual se mantuvo tres años, suficientes para hacer lo que mejor sabe.

Y ni modo que el tal Bartlett no supiera a quien tenía a cargo de la distribución de energía. Nevárez Elizondo dejó pendientes gastos y observaciones por más de cinco mil millones de pesos en el tren en los años 2015 a 2018.

La Secretaría de la Función Pública tenía conocimiento de las observaciones por tres mil 600 millones en el México-Toluca y varios cientos en el interurbano de Guadalajara, que también fue un resumidero de corrupción, incluyendo contratos a “modo” e indemnizaciones no hechas a campesinos del Estado de México y Jalisco, pero sí cobradas.

Como ese ladrón, hay muchos en la Cuarta; tan sólo las observaciones en los tres años del actual gobierno por parte de la Auditoría Superior de la Federación, no sólo se refieren a la falta de transparencia y la imposibilidad de corroborar gastos por arriba de 260 mil millones de pesos sino también la opacidad en el otorgamiento de contratos por asignación directa y que debieron entregarse luego de licitación y concurso.

Muchos de ellos tienen que ver con las empresas contratadas incluso por militares para el aeropuertito “Felipe Ángeles”, la refinería de Dos Bocas que ya se brincó 40 por ciento el presupuesto estimado, lo mismo que el trenecito Maya.

Incluso los contratos de servicios y seguros no se sometieron a licitación; hoy el 74 por ciento de ellos se entregan a quienes determinan desde Palacio Nacional, incluso a empresas del neoliberalismo o vetadas por la SFP.

Los números de organismos internacionales incluyendo la OCDE dan cuenta de ello. En este último organismo ya nos tienen en último lugar de 32 y a nivel universal también como lo dice el Índice: Capacidad para Combatir la Corrupción el cual apunta que “México se encuentra una clara trayectoria descendente” y de una caída entre 2019 a 2020 del dos por ciento, en 2021 cayó en siete por ciento. Una de las peores entre 15 países de América Latina observados.

Una de las posibles razones de esta caída es que en México no se ha puesto en marcha el Sistema Nacional Anticorrupción, el cual, aun así, ya fue objeto de recortes presupuestarios. Recordemos que al Mesías no le guste que lo observen, lo vigilen y menos que lo critiquen.

Por eso las críticas del profeta y sus borregos al Instituto Nacional de Transparencia y Acceso a la Información y Protección de Datos Personales, el INAI que tiro por viaje encuera la corrupción rampante en la administración cuatrotera.

Por eso cuando los morenos y aliados aprueban el paquete fiscal y defienden hasta la última coma del amo, se hacen cómplices del mal, corrupto o al menos poco transparente del gasto público, que esta vez sumará poco más de siete billones de pesos con un incremento real del 8.6 por ciento en relación al de 2021, donde los recortes pegan en donde menos debería haber: la inversión pública.

Pero eso sí, se incrementan en los temas clientelares, en el regalo del dinero público a fondo perdido. Esto refleja la intención de asegura por la vía de la compra de votos, la permanencia de morena y aliados en el poder. Es decir, es un tema eminentemente político sin fondo económico, social o de mejora real en los servicios públicos que al final, saldrán más caros por el deterioro.

Ni modo es la Cuarta donde definitivamente se institucionalizó la corrupción.

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