• Cuesta arriba en economía no parece tener alternativas

Miguel A. Rocha Valencia

Más allá de saber quién manda o de si es un mismo proyecto que nos lleva a socializar la mediocridad económica e intelectual, así como la concentración de poder, resultaría interesante que quienes manejan los macro números oficiales nos digan de dónde parte su gran optimismo y cómo le van a hacer para sacarnos del hoyo financiero en que se encuentran las finanzas públicas.

Porque como están las cosas donde todo mundo roba impunemente de un presupuesto y recursos que ya de por sí son escasos y comprometidos, quienes somos legos en materia económica-financiera, no vemos muchas alternativas para por lo menos, enderezar la nave y devolver niveles de bienestar general, no de pobreza socializada, todo eso en medio de una confrontación al interior del morenismo.

Esto porque, aunque sea el mismo proyecto de gobierno donde se asoman unos cuantos matices de cambio que de inmediato son aplastados, la bolsa es una y tiene los recursos económicos asignados y limitados, aunque en algunos casos, gracias a las concesiones otorgadas por el Legislativo al Ejecutivo, se cancelan en unas partidas y se pasan a otras indiscriminadamente, sin necesidad de ninguna normativa, a pesar de que el presupuesto es Ley.

El número mágico es 10 billones 193 mil 683.7 millones de pesos, de los cuales deben descontarse de entrada casi tres billones 98 mil 974.9 millones de pesos, que está integrado por el costo financiero de la deuda, que concentra 50.7% del total, es decir cerca de billón y medio de pesos para cubrir intereses de la deuda que rondará los 20 billones el año que entra.

Sinn duda son muchas cifras que para los ignorantes como yo parecen incomprensibles pero que básicamente nos apuntan que casi el 15 por ciento del gasto está comprometido al pago de intereses durante 2026, más el billón 200 mil millones que se destina a programas clientelares y que ya fue anunciado.

Y como en el presupuesto ya se incluyen las proyecciones de ingresos derivados de los ajustes al alza de impuestos o la aplicación de otros “que no estaban”, la pregunta es cómo se van a obtener más recursos para cubrir lo que ya se avecina como un aumento autorizado de más del 10 por ciento de la deuda ya que se autorizó al gobierno a endrogarse adicionalmente con 1.8 billones de pesos.

Ese déficit es una de las peores noticias si tiene como fin, como se ve, aumentar la compra del agradecimiento popular con los programas sociales-clientelares en vez de recomprar deuda en documentos con menores penalizaciones; es decir, pedir al 7.25 por ciento, liquidar algo de lo que está en 11.5 por ciento, se ahorrarían muchos miles de millones pero, las prioridades de la 4T es asegurar que en el 2027 un triunfo electoral en las siete gubernaturas y congresos estatales y eso nos llevará a que el débito se abulte lo mismo que el pago de intereses que podría irse por arriba de los dos billones de pesos para ese año.

Lo otro sería invertir en infraestructura, pero para eso están esperando que lleguen capitales nacionales o extranjeros para suplir el dinero público, pero los privados, aunque de palabra dicen sí, en los hechos no le van a entrar porque consideran que las condiciones de seguridad y legalidad no son las óptimas. Ya también lo han expresado.

Los datos ahí están, el Inegi reitera que la actividad económica se mantuvo débil en todo el año, igual que los analistas consultados por el Banco de México dan por hecho que 2025, fue un año de estancamiento y les preocupa que debido a eso la previsión para 2026 no pase del 1.2 por ciento de crecimiento con tendencia a la baja, en lo cual concuerdan la Cepal, el Instituto Mexicano de Ejecutivos en Finanzas (IMEF) y el banco Citi.

Los especialistas consultados pronostican que para 2027 podría alcanzarse un 1.9 por ciento del PIB, lo cual significará que México acumulará casi 10maños por abajo del dos por ciento que los cuatroteros consideraban pírrico cuando gobernaron los del PAN y PRI.

Pero en realidad pírrico es el “crecimiento” que nos muestra quien aseguró que iríamos por arriba del cuatro por ciento, pues independientemente de que duplicaron la deuda, incrementaron la corrupción y prohijaron la impunidad para los suyos, nos salen muy caros pues al final de cuentas su presencia en el poder la pagaremos todos, menos ellos. Lo peor es que esto aun no termina, van a ocurrir muchas cosas más y habrá que sumar los costos sociales, políticos y de libertades. ¿Veremos? hasta dónde llegamos, pues se adiciona la fuerte lucha que se vive en el interior del morenismo que amaga con ¿afectar la gobernabilidad? Por aquello de saber quién manda.