• Economía destruida, crimen y corrupción desatados, impera la ley del Ganso

Miguel A. Rocha Valencia

Festeja el machuchón de Palacio Nacional aumento en remesas como si eso no fuera un signo de que en su administración son más mexicanos los que huyen de la debacle económica que vive el país, cuya violencia asesina, causó la alerta en Estados Unidos para que sus connacionales no visiten nuestro territorio donde se ubican las cinco ciudades más inseguras ¡del mundo!

Y mientras el Ganso de Macuspana se enfrasca en destruir instituciones y el país se cae en pedazos con un racimo de muertos por el mal manejo de pandemia y masacres todos los días, la pobreza crece a despecho de las canonjías que los militares presumen y festejan en las mañaneras y que los tiene fieles a la Cuarta, sin cumplir su misión de dar seguridad a los mexicanos.

Peor todavía, la nueva mafia en el poder, confiesa y exhibe con cinismo a una familia que se enriquece impunemente; saltan los nombres de Pío, el hermano recolectando sobres con dinero de dudosa procedencia, unos hijos que sin trabajo conocido son y se portan como millonarios, en tanto las nueras saquean las arcas de Tabasco y Veracruz, lo mismo que los hermanos y la prima; los Bartlett presumen millonarias posesiones junto con los Sandoval-Ackerman, los Robledo y sus negocios turbios al igual que los Nahle y compadres.

Y como si se confesaran cínicamente ante el sumo sacerdote del Zócalo, sus pecados les son perdonados “porque no son iguales” a los que se fueron, resultaron más rapaces, como Guevara, Rabindranath, Jiménez Espriú, Cordero y la larga lista de enriquecidos.

Ni hablar de los acusados de violación de los que tocan y lo niegan, de los abusadores de menores, de quienes se enriquecen con programas sociales y son denunciados, pero “inexplicablemente” no se procede en su contra, o se sobreseen los casos, al igual que delincuentes confesos como Emilio Lozoya que están libres por cooperar, pero se encarcela sin pruebas a los que se oponen o se niegan a agacharse.

Esa es la Cuarta, por eso quieren al sumiso y arrodillados titulares de la Suprema Corte o el Tribunal Electoral del Poder Judicial, a los diputados y senadores lacayos que sirven al Mesías, pero no al país, a los mexicanos.

Por eso de nada va a servir que, en Estados Unidos, un presidente al que le dejó otro falso profeta un país destruido, lo rearmó en pocos meses y con inversiones de verdad, pero productivas, hará que esa nación crezca rápidamente con todo y que fue golpeada como nadie por la pandemia.

Con 1.9 billones de dólares apuntalará a su iniciativa privada y hará inversiones en infraestructura en vez de andar regalando limosnas pare ganar adeptos. Esa es la diferencia entre un estadista y un inepto vengativo.

Lo malo es que, sin una estructura económica lista, México no podrá beneficiarse ampliamente de esas inversiones. Aquí casi todo está destruido por el abandono institucional, la falta de apoyos e inversión pública, sin contar con la caída de la confianza de los inversionistas nacionales y extranjeros por políticas erráticas, de ocurrencia y muchas veces violatorias de la Ley.

La imposición de la Ley del Ganso, incluso en materia electoral y sus reformas en lo energético, judicial y demás, ya causó la salida de más de 35 mil millones de dólares y el no retorno de inversiones por la desconfianza generada por un sujeto que no está, como nunca en su vida lo ha estado, dispuesto a acatar la Constitución como límite a sus ambiciones personales.

Decisiones como la cancelación del AICM, plantas productivas, proyectos incluso de cogeneración de energía fueron el inicio de la debacle económica, y hoy que pisa terrenos de los político-electoral y sujeción de poderes para centralizar su dominio, muestra el verdadero rostro autoritario de la Cuarta. Los augurios son más que pesimistas, son de miedo.

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