Javier Cerón Espinosa

(Investigación Especial)

Lo que arrancó como la panacea para formar cuadros que impulsarían al aparato productivo nacional desde 2019, como un programa innovador de un gobierno que según transformaría el sector laboral del país, pasó rápidamente a convertirse en un apéndice de jóvenes activistas y militantes al servicio de causas y fines políticos.

Con resultados que se mantienen en la opacidad, el Programa Jóvenes Construyendo el Futuro, creado para formar cuadros laborales, ha tenido un manejo a conveniencia sin aportar lo que se dijo en los discursos de que sería el nuevo bastión para los jóvenes de México, evadiendo todo método de transparencia y rendición de cuentas.

De acuerdo a versiones de los organismos empresariales y de organizaciones sindicales, revelan que dicho programa operado con recursos del Presupuesto Federal y soportado con los impuestos de todos los mexicanos, no ha tenido el impacto para desarrollar a las empresas y tampoco en el sector laboral, sin rendición de cuentas y de los jóvenes mexicanos que se han reclutado para colocarlos en alguna fuente de trabajo.

La Secretaría del Trabajo y Previsión Social, encabezada por Luisa María Alcalde, desde 2018, puso en marcha el Programa Jóvenes Construyendo el Futuro, con asignación presupuestal de más de 20 mil millones de pesos, y utilizado como bandera en cada uno de los discursos, para destacar que las cosas en el sector laboral “…ya no es como antes», y proyectar una imagen de redención del sector laboral.

Sin embargo, la realidad abrió una brecha entre el programa en el papel y su operación en la planta laboral del país, en manos de allegados a la funcionaria que emigro a la secretaria de Gobernación y ahora del actual secretario Marah Bolaños, se convirtió en un aparato de jóvenes activistas militantes del partido y del gobierno de Morena.

Una muestra de cómo el Programa Jóvenes Construyendo el Futuro, es sólo simulación lo explica la experiencia de un joven que ubicaremos como Marco Antonio «N», quien se inscribió y por varios meses conoció las entrañas de los manejos financieros y políticos, pero que ha sido bandera para que las mañaneras del Huésped de Palacio Nacional, se magnifique como un programa hasta de exportación.

Relata que en un principio acudió a inscribirse, logrando su admisión, posteriormente fue citado para indicaciones de lo que debería hacer, junto con más jóvenes formaron parte de los cuadros, para nutrir los mítines políticos de Morena, lo mismo que los de López Obrador, que de Claudia Sheinbaum o cualquier político morenista.

Se encontraban con los activistas de las Universidades «Benito Juárez», de los adultos de la Tercera y Cuarta Edad, toda una maquinaria aceitada con los programas del bienestar, con millones y millones de pesos del erario público que pagan todos los mexicanos.

Comenta Marco Antonio, que el cobro de «moches» es algo normal, con el argumento de que es para la causa del movimiento de Morena y advirtió «…cuidado que protestes, porque aparte de que te excluyen del programa, te estigmatizan como reaccionario, conservador y hasta traidor, debes acatar las indicaciones y participar en todo tipo de eventos, incluso hacer labores de proselitismo político casa por casa, como sucedió en las pasadas elecciones del pasado 2 de junio–.

La formación de cuadros es para defender la Cuarta Transformación, revela y expone que hay instructores que les ponen como ejemplo las juventudes de otros países como Cuba, Nicaragua y Venezuela, que defienden sus causas, porque les advierten que este gobierno es el único que se preocupa por los jóvenes y lo menos que deben hacer es guardar lealtad por lo que reciben.

Nadie puede dar información sobre el cobro de «moches», porque eso es una orden de «arriba», (sin explicar que tan arriba), para la causa del movimiento llamado Morena, quien lo haga en automático es eliminado de las becas y boletinado para que no vuelva a ingresar, visto como traidor, conservador o neoliberal.

Si acude a algún centro de trabajo, va a observar y aprender, nada de información con otros trabajadores sobre cómo le pagan, cuánto le pagan o sobre que líneas de mueven, nada de decir que son militantes y activistas del morenismo, solo hablar bien de que está en marcha la Cuarta Transformación, estableció, Marco Antonio en sus relatos.

Así a cinco años de operar este programa el gobierno federal a través de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, ha incrementado año con año los recursos, sin que los jóvenes tengan que comprobar en que los gastan, siendo beneficiados hasta este año 2 millones 455 mil en todo el país.

De acuerdo con los datos de la STyPS, para este año se asignaron 24 mil millones de pesos, de los cuales cada joven beneficiado recibe una «beca”, de 7 mil 572 pesos mensuales, monto que percibe durante 12 meses de capacitación en alguna actividad previamente asignada.

El programa lo han destacado como la «Joya de la Corona”, del Obradorismo, incluso Luisa Maria Alcalde, cuando fungía como Secretaria del Trabajo y Previsión Social, en todos sus discursos tiraba la línea de las bondades de este proyecto, destacando que para el sector productivo y laboral es de primordial importancia su operación.

Ante asambleas y congresos de organizaciones sindicales, en sus intervenciones siempre destacó que el programa es más que cualquier intento del sector obrero para apuntalar el desarrollo del país, en ningún momento líderes sindicales cuestionaron en dónde operaba ese programa, qué beneficios traería y menos sí había transparencia en el manejo de los recursos, era algo así como que nosotros si podemos y “.no somos iguales», al estilo del tabasqueño.

Sin embargo, en la realidad laboral, dirigentes sindicales consultados, dijeron desconocer como opera o en dónde se capacitan esos jóvenes, porque a decir de Rafael Riva Palacio Pontones, líder del Sindicato Nacional de Trabajadores de Infonavit, dijo: «…No conozco un solo joven que diga está transformando el futuro y menos que forme parte de la capacitación para ingresar al instituto».

Aseguró que el sindicato tiene sus propios cuadros de jóvenes que se capacitan para asumir funciones en el Infonavit, «…no se si en alguna fábrica, taller o comercio estén estos jóvenes, lo que vemos es que miles de millones de pesos se destinan a este programa, pero nada se sabe de resultados, de su impacto en el aparato productivo nacional o bien de que la- propia Secretaría informe en donde se capacitan y donde están trabajando-.

Lo mismo en distintas organizaciones sindicales como la CROC, CROM, CT, COR, CTM, FTEM, que agremian a millones de trabajadores, al grueso de la fuerza laboral del país, en los estados ni las federaciones sindicales, ni las organizaciones empresariales reportan que estos jóvenes tengan un impacto en el aparato productivo nacional.

Para el presidente del Congreso del Trabajo, Reyes Soberanis Moreno, dijo desconocer esa fuerza laboral que según aporta este programa gubernamental, porque en las relaciones laborales entre empresas y sindicatos están bien delimitados los programas de capacitación, lo único que se conoce es el gran caudal de recursos para apoyar a esos jóvenes, no hay vinculación y por lo tanto se origina que su manejo sea de corte político-doctrinal sin aportación productiva.

Para las organizaciones empresariales, este programa no aporta lo que requiere el país,-porque mucha de la fuerza de trabajo emigra a otros países, principalmente Estados Unidos, porque la remuneración en México es marginal, entonces al Programa de Jóvenes Construyendo el Futuro, difícilmente accederán a mejores salarios con una baja capacitación, que se desconoce quien o quienes la imparten, lo que se observa es que es un fuga millonaria de recursos sin transparencia, se sabe a quién se le paga por los directorios de la STyPS, pero no hay reportes en que se gastan. Es similar a lo que perciben los médicos cubanos, que todo mundo saben que están en México, pero se desconoce dónde laboran.

Para el gobierno es un semillero de activistas, y ahora busca con una iniciativa presidencial elevar a rango constitucional, en lo que los sectores productivos están de acuerdo para apoyar a los jóvenes de México, aunque fijando la transparencia de los recursos públicos que aportan todos los mexicanos. 

Las listas de beneficiados son manejadas discrecionalmente y los responsables asumen el control de las «becas’, lo que ha originado opacidad en su manejo, pues información hecha pública, arroja que se detectaron personas que están inscritas, pero que no se capacitan, pero si cobran, así como familiares, amigos y parientes de funcionarios que están pegados a la ubre del presupuesto de este programa.